Julia Casariego Aguillaume

JULIA CASARIEGO AGUILLAUME - Nace en Luarca. Estudia en el colegio de las Reverandas Madres Esclavas del Sagrado Corazón de Jesus. a los siete años obtiene el Diploma de Honro en redaccion en el citado colegio. En 1.959 logra el Premio Absoluto de el Vaticano sobre Historia Religiosa, cuyo trabajo fue entregado al Papa Pio XII.

Viviendo en Madrid escribe en el periodico A.B.C. y ya en Asturias lo hace en los periodicos, Region, La Nueva España, y en el semanario del occidente astur El Eco de Luarca. Colabora con la Real Hermandad del nazareno de Luarca, aportando poemeas sobre la misma. Pertenece a la Asociacion de Poetas Valdesanos, de freciente creacion e interviene en los recitales poeticos realizados en al casa de Cultura de Luarca.

Colabora en el libro Cronica Astur dedicado al pintor Alvaro delgado. Interviene en el recital poetico celebrado en la Casa de Cultura de Soto Luiña en agosto de 2.000. Realiza y obtiene el Diploma del Curso de Bibliotecomania. Actualmente tiene terminado si editar, el libro "A vena abierta", y abundate material poetico.



L A   A B U E L A
1.963
 
-1-

Esta mañana he visto a la abuela revolver en el baul oscuro y viejo que hay en el cuarto de los trastos. Ha sacado una carpeta. Una carpeta roja de cartón, cerrada con dos gomas y llena de cartas. Se las ha llevado a su habitacion y se ha cerrado con llave. Ahora esta leyendo y recordando su juventud desnuda y bella, guardada en unos sobres azules. La abuela es vieja y silenciosa; pero yo la he visto en un retrato antoguo, guapa y alegra. El tiempo ha cambiado su pelo negro por otro blanco y hecho de nieve.

Las cartas de la carpeta son de amor. Largas, ardientes, cargadas de poesia y romanticismo. Hay tambien muchas fotos de un hombre que me envuelve en una mirada gris. Tiene la letra clara y bonita, y he visto su nombre en el remite. Se llama Raul. Lo que mas me ha llamado la atencion, son sus manos, anchas y grandes, y sus redondos ojos que parecen moverse incansablemente sobre el papel mate de la fotografia. El debio ser el único amor de la abuela, que aun conserva sus cartas metidas en la carpeta y guardadas en un viejo baul lleno de polvo. La oigo suspirar. Se que esta sentada en su sillon de cuero, abriendo los sobres azules, con el pensamiento puesto en ellos, recordando su vida pasada y lejana. La abuela es sentimental y vive solo de eso. De recuerdos. De recuerdo juveniles que la hacen llorar y ponerse triste como una rosa marchita que ha perdido toda su belleza por unas gotas de agua y una rafaga de viento. La abuela recuerda, pequeña, arrugada, en la soledad de su cuarto.

-2-



Aquel verano, Antonia y yo salimos del colegio para no volver mas. Aún llevábamos nuestras capas azules y aquellas medias de lana que nos rascaba la piel. Mis padres me habian dado permiso para pasar un temporada en casa de una amiga. Raul habia venido a buscarnos en un coche tirado por dos caballos pequeños y negros como el azabache. antonia me presentó. Era su hermano. Durante nuestra estancia en el colegio, me habia habaldo tanto de él, que estaba impaciente por conocerlo. Sus ojos eran grises y penetrantes, tan alegres, que parecian reir a todas horas. Nos traia bombones para el vieje. Habiamos salido de la vida pesada y aburrida, para entrar en otra alegre, divertida y despreocupada.

La madre de Antonia nos recibió con los brazos abiertos y nos llevó a nuestra habitacion; grande, repleta de flores que nos daban la bienvenida. Los balcones daban al jardin, redondo y cuidado, salpicado de pequeños bancos medio ocultos por los arboles. Me gustaba el estanque que habia en él. Tan blanco, tan limlio, Todas las mañanas me acercaba a echar migas de pan a los peces, que se peleaban por ellas.

Raul y yo estabamos enemorados, y eremos felices. Saliamos a dar largos paseos a caballo, nos sentabamos en los prados y haciamos muchos proyectos para nuestro futuro, algo lejano aún, pero sonriente. Volviamos a casa fatigados por el ajetreo de la tarde. Llenos de ilusiones y planes. Cuando me metia en la cama, le contaba a Antonia todo lo que habiamos hecho.

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Todas las flores que habia cortado, estaban sobre mi delantal. Las miré y me dieron pena. Hacia poco sonreian llenas de vida con sus tallos largos y verdes, desde la tierra. Yo habia hecho morir bajo el filo de mis enormes tijeras de jardinero. Pero no tuve mas remedio que hacerlo. Queria ponerlas en los jarrones del salón para adornarlo. Estabamos preparando toda la casa para dar una fiesta de despedida. Raul se marchaba a Cuba. Los negocios lo necesitaban y lo llamaban. entré en casa y esparcí las flores por todo el salón. Estaban tan tristes como yo. Subí a mi habitacion y miré a Antonia. No hacia mas que ponerse trajes, y buscar en el espejo, el reflejo de su belleza. antonia era guapa. Con su pelo tan rubio, sus ojos tan verdes...

Los invitados fueron llegando poco a poco. Antonia era la reina de la fiesta. Raul me hacia dar vuelta y vueltas al compas de la música. Queria estar alegre, pero no podia. Salimos al jardin y nos sentamos en aquellos bancos pequeños medio ocultos por los arboles. Prometia escribirme todos los dias. Yo no debia preocuparme. Cuando volviera de Cuba nos casariamos y entonces no nos separariamos mas. Tendriamos un hogar, fundaríamos una familia... Me estrecho contra su cuerpo y me beso.

Volvimos al salón; con su musica, sus luces, su gente alegre. Por fin, muy tarde ya, los invitados se fueron. Me encontraba cansada, sin ganas de nada y me metí en la cama. Aquella noche no le conté mis problemas a Antonia.

-4-

A la mañana siguiente me dspedí de Raul. Su figura fue achicandose lentamente hasta que desapareció con el tren por la boca de un tunel. Despues tendria que navegar durante largo tiempo, hasta llegar a Cuba. Aquella isla me pareció odiosa, ella se interponia entre los dos, dejandome sola y con ganas de llorar.

A los pocos dias volvia a casa de mis padres. alli me acordaba de Raul mas que nunca. De su mirada gris, de sus manos grandes, de su primer beso. Ahora que estaba lejos de él, lo queria mas que nunca y no lo veía, lo necesitaba a mi lado y no lo encontraba.

Mi madre queria consolarme y me compraba libros, me llevaba a pasear e invitaba a mis amigas a pasar las tardes en casa. Nada de esto me agradaba, pero lo aceptaba. Yo solo tenia un consuelo. Las cartas que recibia de Raul. Las guardaba una a una, en la carpeta roja que habia comprado para ellas. Asi pasaban los meses, hasta que un dia dejó de escribir. Ya no recibiria sus cartas ni oiria sus promesas de amor. El no habia querido comunicarme su enfermadad y me estuvo escribiendo hasta que le fallaron las fuerzas y murio. Aquel dia lloré como nunca lo habia hecho.

-5-

Me he casado. Han pasado cinco años desde que Raul mirió. Todos me felicitan y me besan en la cara.. Hay algunas mujeres que me envidian porque dicen que mi marido es rico. en cambio, a mi me da lo mismo. No se si es rico o pobre, guapo o feo. Solo se que me acuerdo de Raul mas que nunca, y que me siento culpable de esta boda. Pienso que sus ojos grises deben tener una mirada fria y llena de reproches. Ahora siento miedo. Miedo de este matrimonio en el que no he puesto amor, miedo a antonia, de su madre, de su casa; de mi misma. Tengo ganas que termine esta fiesta tan vacia pqra mi y tan falsa. Quisiera llegar a casa y abrir la carpeta donde tengo guardada mi felicidad perdida. Esa felicidad que no volveré a poseer; llena de encanto e ilusiones. Pero n o puedo. Raul me mirará desde el fondo de las fotografias con sus ojos grises, acusadores, como si fueran dos jueces implacables, que me acusan de un acto que no debí de realizar.

La musica suena alegre y yo estoy bailando bajo las miradas de todos. el suelo brilla como un espejo y las flores me rodean con sus labios abiertos. La primera vez que baile con Raul, el suelo del salon tambien brillaba y las mesas estaban cubiertas de flores.

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La abuela ha salido de la habitacion. Tiene los ojos humedos y una sombra de tristeza se pasea por ellos. Me ha mirado sin verme. Esta ausente; sumida en su mundo romantico y extraño. Ahora me parece mas vieja que nunca, con el pelo hecho de nieve, el rostro sombrio. Tiene los labios tan apretados que solo son una raya horizontal. Camina despacio y silenciosa; arrastranso los pies con trabajo, como si tuviera que hacer mucho esfuerzo para poder andar.

Abre el baul oscuro y viejo del cuarto de los trastos, y guarda dentro la carpeta roja de carton llena de recuerdos amorosos. Ha vuelto a encerrar su juventud, desnuda y bellas, en unos sobres de pape azul.