Abismados ante esa obra, no la concebimos sinó
en el momento de ser labrada en los infamados hornos de la
materia cósmica de ignición, al choque brutal de
las energías físicas que, levantando océanos
de vapor en el espacio sacudido por formidable huracanes, y entre
explosiones gigantes de la tierra que atronaba la inmensidad con
sus baladros, encresparon hasta el cielo el oleaje de esas rocas, rasgaron
sus entrañas con profundas simas, y por ellas arrojaron cataratas
de peñascos, que cayeron hondas torrenteras.
Si en la augusta calma del crepúsculo
nos extasiamos hoy, viendo ese mar de bravas peñas perderse
a lo lejos sobre valles y cañadas, cubiertos de intenso
verdor, y bajo un cielo diáfano, soñamos presenciar
la aurora de la vida cuando, después de aquellos cataclismos,
se recogió la tierra en el fecundo silencio que envolvió
al origen de los seres.
Y la admiración religiosa, que se impone
a quienes en cierto modo estamos habituados a presenciar ese
alarde de paisaje, sube de punto en los que por primera vez lo
observan. Contribuyen a preparar su ánimo los yermos de
Castilla que fatigaron sus ojos con la aridez implacable del desierto,
las alamedas de León que se le aparecieron después
como un oasis, las colinas mustias y los roquedales de Villamanin, Busdongo
y Arbas que, rompiendo la monotonía de la llanura, llegaron
a colmar su deseo de serranas perspectivas….
Un paso mas le basta para salvar la pura línea
con que la naturaleza dividió las regiones de León
y Asturias. El contraste no puede ser mas brusco; se abre de
pronto a sus pies un abismo de valles cercado por inmenso anfiteatro
de montañas donde ruedan las veloces nieblas, saltando como
espuma que se deshace envuelta en nimbos de sol; en las sierras altas
centellean los ríos, y por entre encinas y helechos gigantes
se precipitan como fieras; tras de una cordillera se levanta
otra, y otra mas allá, hasta el remoto horizonte sobre el que
apenas se ve ondular su perfil negro; esplende el sol en una cañada
cuyo verdor ostenta varios matices, e inundan otras, mares de niebla
entre la que asoman sus torcido lomos “los cordales” (1), como grandes
cetáceos; las nieves eternas blanquean en Peña Ubiña,
y legiones de frondosos robles suben a las cimas de Valgrande….
En las estribaciones de esta sección
de la gran cordillera Cantábrica, a la que sirven de
mojones los picos de La Cariza y Peña Ubiña, cuya
altura es de 5.599 y 8.068 pies respectivamente, se halla en concejo
de Lena, demarcado al este por el cordal de Carracedo y las sierras
de Ranero que los separan de Aller, y al oeste por el cordal de
La Cobertoria, el Aramo y la Segada, fronteras con Quirós y Riosa,
al norte con Mieres. Desde los puertos de Pajares y La Cubilla,
que además del Barredal comunican a la provincia de Oviedo
con la de León, ábrense divididos por el cordal de Llanos,
dos amenos valles que toman su nombre de los ríos que por ellos
cruzan, el Pajares y el Huerna, los cuales recibiendo a cada paso en
su caudal los arroyos que bajan de vecinos montes, confluyen en Campamanes
a formar el río Lena, llamado así aun después de
traspasar la marca del actual concejo, y entrando por el de Mieres, hasta
que entrega sus aguas al Nalón en Soto de Ribera.
Derivados de puertos de La Cubilla y Agueria
y del cordal de La Cobertoria, cruzan el valle de Huerna los
montes de Almagrera, La Tesa, Fariñento, Requejo y Velasco,
y a sus abrigaños se acogen multitud de caserías
y lugares entre los que son de notar: Tuíza, Riospaso, Piñera,
Jomezana, Sotiello y Zureda, todos muy pintorescos; los de la sierra
de carácter alpestre, con sus pardas casitas agrupadas alrededor
de la parroquia, semejantes a un hato de ovejas que se apacienta
vigilado por el pastor, y tendidos los otros en lozanas praderías
y sembrados, recreándose en los horizontes mas risueños.
No esta menos poblado en valle de Pajares. Al pie de los montes
de Valgrande, en el regazo del Compañones, y las vertientes
de los cordales de Llanos y Carrocedo.
Guarneciendo la orilla del camino real, o
retirados en parajes agrestes, hállanse la Villa de
Pajares del Puerto, cuyo caserío blanquea a lo largo
de la montaña cual cinta de nieve pura que aun el sol
no ha deshecho; San Miguel hundido en lo mas profundo del valle
y a par del río que pasa por allí cantando las serenas
estrofas del Beatus ille;…Llanos de Somerón, donde se cultiva
los famosos “arbejos” arrodillado en una explanada ante la ermita
de la Virgen de las Nieves, alzada en la opuesta y solitaria ladera;
el umbrío Navedo que dormita escuchando el rodar de sus
molinos; trabajador y silencioso como sus colmenas, La Romía,
Las Puentes, donde ya alborea el tráfago del comercio, por
su proximidad a la vía férrea en Puente de los Fierros;
Parana, Congostinas, Casorvida, Erias….
Desde el pueblo de Campomanes hasta los de
Muñón Cimero y Carabanzo, últimos del termino
municipal, el terreno es mas llano y abundante, dilatándose
la vega, regada por el Lena perezoso, entre los montes de Brañavalera,
Porciles y Ranero. Allí, a la margen amena del río,
están Vega del Rey y Vega del Ciego; aquel soñando melancólico
en su pasado, bajo frondosos arboles, y este luchando por la vida,
entratos ayer con arrieros y corsarios, y amparándose hoy
en la moderna industria. Mas allá donde el Lena recibe las aguas
del Naredo que nace en el cordal de La Cobertoria, véase la
antigua Pola (puebla), villa remozada y alegra, capital del concejo y
del partido cercada de viciosos “llerones” (2) y de huertas cuajadas de
frutales; después el casar de San Feliz y la fértil
Villayana; en los ribazos de una y otra ladera entre Campomanes y la
Pola, Felgueras con la iglesia de Santa Cristina, filigrana del arte,
y el linajudo lugar de Castiello.
Los caracteres geográficos dividen
el termino municipal en dos zonas distintas, a las que desde
tiempos antiguos se diferencian con los nombres de Lena de
Arriba y Lena de Abajo (de Suso y de Yuso). La zona ribereña
se funde casi con el total de Asturias; pero la parte de montaña,
tiene fisonomía propia.
El clima es frío y húmedo, sin
embargo, el cielo, diáfano como el de Castilla, aparece
raso con mayor frecuencia que en la tierra baja; y nada mas hermoso
que, después de una nevada grande, ver el sol radiar en el
firmamento azul, o el plenilunio alumbrando un mar fantástico
de hielo. Realízanse los cambios atmosféricos con rapidez
asombrosa, y el montañés diestro en nortear, aun
en los mas serenos días, barrunta la nevasca por el vuelo de
las aves, la intensidad en el brillo de las estrellas, el tiro del humo
en la cocina, o el lamento del “xelón” entre las ripias del
tejado. En los inviernos duros suele alcanzar la nieve 1,5 metros de
espesor, pero si hay viento, que al caer, la envuelva en remolinos “torvas”
la acumula en tanta cantidad que se forman grandes masas de ella “través”,
y entonces los habitantes de aquellos pueblos, tienen que hacer minas
para salir de las casas y comunicarse con las de sus vecinos.
Cuando hiela encima de la nieve, y vuelve
después a nevar con abundancia, un ligero resbalón
de esta nieve suelta sobre la endurecida, basta para producir
el formidable alud que arrasa todo obstáculo a su vertiginoso
avance. En esos días, las gentes observan con recelo las
alturas, y si en ellas ven el cristalino polvo que aventan en sus locas
danzas las ventiscas, piensan con terror en el “adene” que se desgaja
con el fragor del trueno, y hunde los poblados bajo sus fríos
bloques.
Las nieblas son constantes. Aun en los días
mas hermosos de verano, suele presentarse al amanecer o a la
caída de la tarde esa niebla leve, seca y blanquísima
que el sol y la luna, al rayar en el horizonte, logran muchas veces
dominar, estancándola en lagunas por los valles mas hondos,
y disipándola después completamente. Es tan densa
en ocasiones, que desorienta a los caminantes; y antiguas fundaciones
piadosas como la ermita-hospital de la Virgen de Flor de Acebos
en el puerto de La Cubilla, sirvieron para llamar, a toque de campana,
a los extraviados, y ofrecerles un sitio donde guarecerse.
Si hay temporal, o esta próximo, la
niebla es de genero distinto: presentase entonces, una veces
en grumos, “borrina”; otras, lóbrega y acordonada en
las alturas, “lutano”; o cae en lluvia muy menuda que se llama “orbayu”,
y cuando viene del norte, recibe el nombre de marea. Los vientos
desencadenan allí con fuerza espantosa, y huracanes que descuajan
arboles corpulentos en los montes menos abrigados, vuelcan en la carretera
las cobijas de los petriles y hacen intransitables los caminos.
El lenense de la parte alta, como todos los
habitantes de la misma cordillera, tiene muy acentuado el tipo
de hombre del Noroeste; braquicefalo, pómulos eminentes,
anchas cavidades y recios .músculos Su desarrollo es tardío,
pero llega a tener aventajada estatura. De igual modo que en las
montañas de Suiza, aparece en estas, por excepción,
el cretino, con bien determinados caracteres, talla raquítica,
cabeza abultada, idiotismo, bocio, color térreo, marcha
desordenada y vacilante.
La mayoría de la población no
es agricultora esencialmente, sino ganadera. Labra con el
arado romano y los mas primitivos aperos sus limitadas erias,
cultivando en ellas lo que consume de ordinario, escanda, maíz,
legumbres, pero su riqueza agraria esta en los abundantes prados
donde se cosecha hierba muy fina y jugosa, y en los pastos comunes
de sus “puertos” en que pacen los ganados desde mayo a octubre, admitiendo
allí también, mediante una retribución, los
rebaños trashumantes de los pastores extremeños y salamanquinos.
La cría de ganado les produce hasta
un 40 % de utilidad, aparte de la que puedan obtener de la manteca
y leche, que son exquisitas. Por eso, quien no tiene vacas propias,
las toma en “comuña”, especie de sociedad por la cual el
propietario entrega la res al aparcero que se obliga a su custodia
y alimentación, y obtiene en cambio derecho a los frutos y ganancias.
La riqueza forestal se halla distribuida en
treinta y cinco montes (3) cuyo disfrute esta perfectamente
definido y deslindado para cada parroquia, excepto el monte de
Valgrande que se aprovecha mancomunadamente por los vecinos de todas
las del concejo. Su topografía es quebrada, encontrándose
dentro de un monte mismo desniveles tan considerables que dan lugar
a pendientes , drapidísimasonde las lluvias producirán desastrosos
efectos, a no impedirlo la masa de arbolado que puebla sus laderas.
Estos montes constituyen diez grupos, enclavados
en las montañas que la carta topográfica de Schulz
señala con las denominaciones de “Cordal de Lena”,
“Brañavalera”, “Cordal de Carrocedo”, “Puertos de Agueria”,
“Sierra de Telledo”, “La Tesa”, “Almagrera”, “Cordal de Llanos”,
“Compañones”, y “La Cariza”. La superficie total, parte
concedida por el levantamiento de planos y parte aforada, se calcula
en 20.441 hectáreas de terreno, poblado por la mayor porción
de haya, otra menor de roble, y grandes extensiones de pasturajes
y rasos.
Dedúcese sin esfuerzo, la importancia
de los montes de Lena por la medida de sus pastos y el actual
maderable que atesoran, mermado este de manera progresiva
merced a que no se cuida la repoblación, y a que destral
se ceba ferozmente en ellos, no solo para alimentar los hogares y
cortar piezas de talla, sino para ofrecer materiales a la industria
de cuantos se emplean en hacer yugos almadreñas y cestones.
Abundan las hierbas medicinales, como son:
árnica, belladona, gerenciana, tila, valeriana; y los
anales científicos registran el descubrimiento del “liquen
landico” en el Puerto de Pajares, debido al ilustre botánico,
Lagasca (4).
Algunas mujeres del país, recogen,
con la pericia de un herbolario, las plantas útiles
de la montaña, para venderlas a las farmacias de León,
y adiestran a sus hijos en la rebusca, interesándoles con
el cebo de los agridulces arándanos que en grandes matas se
ocultan en los argomales. Crece allí donde quiera el avellano
silvestre, y cultivado en Lena de Yuso, fomenta uno de los géneros
de exportación mas provechosos. Tampoco falta variedad
de plantas fósiles, con ocasión de las obras de la
vía férrea, se hallaron ejemplares de aquellas en
extremo curiosos, y alguno de notable sigilaría.
De las aves que se elevan sobre las mas altas
cimas, o se albergan en los bosques, merecen especial mención
el águila y el faisán. En años de mucha nieve,
suelen presentarse aves exóticas, a veces solitarias, a
veces en nutridos bandos. Truchas tan jugosas como las del río
Sil, crían las aguas espumantes y frías del Pajares
y Huerna (5) cerca de sus fuentes, y allí las acecha la nutria
regalona y las persigue el montañés que sabe atenazarlas
con la mano en los pozos sombríos donde se guarecen.
Urogallo
Desde la ardilla hasta el oso corpulento,
habita en esos montes toda la varia especie de la fauna regional:
el corzo, el gato montes, el jabalí, el lobo audaz que
suelto y en cuadrilla asalta los rebaños y llega hambriento
a las puertas de las casas, (6) el sanguinario lince que esparce el
terror en su carrera, el tejón, el zorro, las cabradas de robezos
que pastan en los ásperos breñales.
El rey Don Alfonso XI, en su famoso LIBRO
DE LA MONTERIA, al hablar de los montes de la tierra de Asturias,
menciona dos en el Puerto de Pajares, excelentes para la caza del
oso, “Lande Cerezal” y “Valgrande”; (7) y de este, entre todos por
excepción. Argote de Molina (8) ofrece un nuevo testimonio
de que no era escaso el número de piezas de aquella especie
en las montañas de Asturias, y muy particularmente en las
de Lena de Suso, toda vez que al hablar de los celebrados cazadores
de la provincia, menciona solo a cuatro, tres de ellos son, uno de Campomanes,
otro de Tiós, y de La Cortina el otro; “En las montañas
de Oviedo se ejercita mucho la montería de los osos, donde
son muy ejercitados los hijosdalgo de aquel reino, y entre ellos Gutierre
de Campomanes, Juan de Campomanes de Tiós, Gutierre de Evia de La
Cortina, y Esteban de Argüelles, y otros; los cuales con mucha destreza,
al tiempo que el oso se enhiesta contra ellos, le arrojan el capotillo
a los ojos, y metenle el venablo por el pecho, metiendo la cabeza entre
los brazos, de modo que el oso no pueda alcanzar con las garras ni la
boca para herirles, y teniéndolos fuertemente, en el venablo los
acaban”.
A esta lucha heroica del cazador asturiano
cuerpo a cuerpo con la fiera, parece referirse también
Ambrosio de Morales; y con bastante posterioridad, confirma la
verdad del hecho en cuanto a “los oseros de España”. El sabio
naturalista alemán, Alfredo Edmundo Brehm, (9) que como es sabido,
viajo por nuestra península.
No son hoy esos lugares tan buenos cazaderos
como en los siglos XIV y XV, ni ya se estila aquel gentil deporte
cinegético en que la audacia, como los héroes de
la leyenda, se complacía en la aventura peligrosa. El comercio
y la industria, con sus minas, sus talleres y la extensa red de
sus caminos, transformaron los montes, ahuyentando de porción
de ellos las fieras que aman su quietud salvaje. Con esto, fue menor
necesidad de perseguirlas, falto ocasión frecuente en que
ejercitar la destreza venatoria, y el tipo castizo del montero ya
va siendo raro después que murió, joven aun y no hace
mucho tiempo, el celebre “Toribión el de Llanos”, (Toribio
García Morán, falleció en 1.844 a causa de las
heridas de un oso, en el que fallecieron ambos, Toribio y el oso), que
con su escopeta de chispa mato a la espera 35 osos, y otros tantos a cuchillo,
realizando acciones verdaderamente novelescas.
Las ultimas que el Valgrande se alegro, como
en sus mejores días, con el “Alhali” de las trompas,
el clamoroso ladrar de los perros, y el vocerío de los ojeadores,
fue cuando corrieron aquel monte el inolvidable Marques de Camposagrado,
y D. Alejandro Pidal, mantenedores ilustres del tradicional ”sport”
de la montería en Asturias.
El oso de nuestra cordillera “Ursus arctos”,
mide 1,30 metros de altura aproximadamente, y suele pesar, unos
300 kilos. De joven tiene el pelaje negro; pero conforme avanza en
edad, se aclara aquel por los cabos primeramente, y después hasta
la raíz. Es omnívoro, aunque se haya dicho otra cosa;
se alimenta de bellotas, de hayuco, de maíz, de castañas,
hasta en un herbazal agreste o devora una res, llegando, para conseguirlo,
a tomar por los cuernos una vaca y a sacarla de su corral por encima
del muro. Tal es la fuerza muscular de sus brazos; pero la rigidez de
ellos le impide herir con las garras al que se le acerca al vientre. No
acomete sino cuando se le hostiga, entonces su fuerza es indomable. Cierto
cazador del pueblo de Navedo, hombre serio y veraz, me relato la temeraria
lucha que sostuvo con una osa para apoderarse de su osezno, “esbardiu”,
el cual se había subido al tronco de un jiboso roble arraigado
en un corte de terreno. Mientras perseguía al “esbardiu”, un
hijo del cazador, impávido este atacaba la vieja escopeta sin
apartar la vista de la osa, que irritada acudía berreando y
con los ojos encendidos como brasas, a rescatar su cría. El fogonazo
y estruendo del disparo la rechazaban un instante, para acometer de
nuevo con mas fuera
Aguardándola prevenido el tirador,
la hizo volver atrás dos veces; e íbanse ya estrechando
las distancias cuando, por fortuna encajo un bala en la cabeza
de la fiera, que lanzando salvaje gruñido, hozo el terreno
y lo regó con su brava sangre.
La piel de un oso crecido vale de 40 a 80
pesetas, según el tamaño; su grasa, de mucha
estimación la aplican a diferentes objetos, y su carne
es exquisita, sobre todo los perniles que ponen en salazón,
y cuando están curados son cecina muy sabrosa.
En Lena, como en toda Asturias, la riqueza
del porvenir esta en sus terrenos minerales. Gran parte del terreno
municipal se halla constituida por la formación del tramo
inferior; así, la porción de la sierra del Aramo que
pertenece a este concejo, la sierra de Brañavalera, al sur
del Valle del Naredo, y parte de un manchón que desde el Puerto
de Ventana, en Quirós, llega hasta Lindes, y se aproxima por
dos puntos al río Huerna y a las áreas de Telledo y
La Tesa. Este manchón tiene por limite al sur extensa zona
de terreno devoniano que, dentro del concejo de Lena, alcanza como
dos kilómetros de ancho y doce de largo, en dirección
de este a oeste. Una gran faja de terreno diluvial hay también,
subordinada en toda su longitud al río Lena, a cuyas sinuosidades
se conforma.
Minas de cinabrio y sulfuros de arsénico
se explotan en Muñón Cimero desde hace quince
años; de hierro, hay concesiones dentro de la sección
denoviana ya descrita; en algunas de carbón se trabaja con
fruto actualmente, siendo bastantes las denunciadas; investigaciones
persistentes en filones de antimonio, dieron algunas veces esperanzas
de éxito; y por fin, en el Aramo se han descubierto antiguas
explotaciones de cobre, de cuya importancia excepcional puede juzgarse
con el fundado parecer de Don R. Oriol en la “Revista Minera” (10),
según el cual resulta indudable que las dolomias cobaltíferas
de la provincia de León (La Profunda de Villamanín)
constituyen con las análogas del Aramo un mismo horizonte geológico
dentro del gran periodo en que se formo la caliza carbonífera.
Al lado de pequeñas industrias
del país, como son las manufacturas de madreñas,
yugos, aperos de labranza, cestos y conservas de manteca (11),
las grandes industrias comienzan a transformar la vida del concejo,
a expensas de sus elementos naturales.
Para utilizas os minerales de Muñón Cimero que, como
hemos dicho contienen buena proporción de sulfuros de arsénico
(rejalgar y oropimente), se estableció allí una
fabrica, propiedad de Don Numa Guilhou (12). Las dificultades que
ofrece el tratamiento de estos minerales, para obtener separados
los diversos productos, fueron vencidas por el inteligente ingeniero
director señor Van Straalen. Con las operaciones que se practican
en la actualidad, y los medios de que se dispone, pueden fabricarse
cada año, 50 toneladas de oropimente, y 150 frascos de mercurio.
Subiendo por la vía férrea se
halla la importante cuenca carbonífera de La Cobertoria,
denominada, “Les Charbonnages de Pola de Lena”, donde funcionan
talleres para la fabricación de aglomerados que dirige
Don León Telier.
En Los Cuetos (Vega del Ciego), sobre el río
Lena, esta situada la gran fabrica de harina “María
del Carmen”, modelo de esta clase de establecimientos fabriles.
Fundada en 1.885, su propietario Don Galo G. Somines, aprovechando
molinos del país, y no escaseo nada en su construcción
para dotarla con todas las condiciones necesarias de solidez, capacidad
y distribución convenientes.
Se hace la toma de aguas por extenso trabanco
de mampostería, enlazado en su extremo a una presa
que conduce 1.323 litros de agua y forma un salto a 6 metros
de altura, equivalente a la fuerza motriz de 108 caballos de vapor.
Este salto de agua alimenta cinco turbinas; una, sistema Girard,
que desarrolla un trabajo de 35 caballos de fuerza; y otras cuatro,
de 5 a 6 caballos cada cual, destinadas tres de ellas a la acción
de tres pares de piedras francesas de Laferté para la molturación
del trigo, y la restante, en combinación con una dínamo,
sistema Oerlikon, dedicad a producir luz eléctrica para la
fabrica, depósitos y oficinas.
En épocas ordinarias, la “María
del Carmen”, puede moler durante 24 horas, 10.000 kilos de
trigo; mas si las necesidades lo exigiesen, seria fácil
aumentar la fabricación, instalando mayor número
de aparatos, pues las condiciones del salto de agua son suficientes
para una molienda de triple cantidad de trigo que la expresada.
Aparte de la multitud de caminos vecinales que comunican a unos
pueblos con otros, llegando hasta los mas ásperos montes,
y por los cuales como único vehículo arrastran
las yuntas de vacas una especie de trineo que llaman en los pueblos
“forcau” (13). Atraviesa este concejo la carretera de Castilla
denominada oficialmente carretera de Adanero a Gijón; y
hay en proyecto veintidós mas, entre las que son principales,
la municipal de Pola de Lena a Barzana de Quirós, y tres
del estado, una de Campomanes al ferrocarril del El Noroeste, pasando
por el Puerto de La Cubilla, y otras dos partiendo de Pola de Lena
a Riosa, y a Santa Cruz de Aller.
Pero la arteria de comunicación hoy mas importante, es el
ferrocarril, que cruza el concejo de sur a norte en un trazado
verdaderamente prodigioso. El Sr. Becerro de Bengoa en su libro
“De Palencia a Oviedo y Gijón”, reseñó con
mucha competencia esta vía.
Para vencer los grandes obstáculos
que presentaba el paso de la cordillera, se realizaron colosales
obras. Desde lo alto de Busdongo, hasta Puente de los Fierros,
limite del Puerto de Pajares, a 768 metros mas abajo, salva la carretera
esa altura con rampas desarrolladas en una línea de 18
kilómetros: el ferrocarril une dichos puntos con una vía
de 42 kilómetros, donde hay 59 túneles, con que
la mayor parte del camino es subterráneo. El renombrado
túnel de La Perruca 14), cuya boca sur se abre en Busdongo, da
entrada a Asturias desde Castilla, y es el mas largo de España,
pues tiene 3.085 metros de longitud, que se recorre en línea
recta, bajando un desnivel de 50 metros hasta desembocar en Valgrande
(15). Desde allí las vueltas y revueltas que describe la vía
son muchas, mereciendo especial mención la circular de la cañada
de Bustiello, y la de tres kilómetros, que se da para ganar el
desnivel que hay entre el viaducto de Parana, y la estación de
Puente de los Fierros.
Réstanos poner fin a esta descripción
general del Concejo, decir cuatro palabras de su organización
eclesiástica administrativa. Divídese eclesiásticamente
en dos arciprestazgos; el de Pajares y el de Lena. Comprende
el primero las parroquias de San Miguel de Pajares y su filial
de San Miguel del Río; Nuestra Señora de las Nieves
de Campomanes, y su filial de Santa Eugenia de Tiós; San
Pedro de Cabezón, Santa Eugenia de Casorvida, Santa María
de Congostinas, San Claudio de Erías, San Pedro de Jomezana,
Santiago de Llanos de Somerón, Santa María de Parana,
San Juan de Piñera, San Martín de Puente de los Fierros,
San Antolín de Sotiello, Santa María de Telledo con
la filial de Santo Adriano de Riospaso, San Miguel de Zureda y San
Cristóbal de Tuiza. Al llamado arciprestazgo de Lena corresponden
las parroquias de San Martín de Pola de Lena y su filial de
San Feliz, Santa María de Castiello, San Vicente de Columbiello,
San Salvador de Cruz, San Lorenzo de Felgueras, Santa Eugenia de Muñón
Cimero, San Martín de Villayana y San Román de Carabanzo.
Esta formado el ayuntamiento de Lena por cuatro
distritos que eligen 19 concejales. Su población es
de 13.064 habitantes en el censo de 1.887, y tributa al estado,
sobre 133.817,45 pesetas. Los presupuestos municipales de los últimos
años se cerraron con un pequeño superávit,
después de cubiertas todas las obligaciones, singularmente
las de instrucción publica a que atiende con especial
cuidado, como se advierte en las veintinueve escuelas municipales
instaladas casi todas en locales para ellas construidos.
El partido judicial de Lena tiene por capital La Pola de Lena, y
extiende su jurisdicción a los ayuntamientos de Aller,
Mieres, Quirós, Proaza y Riosa. Con los partidos judiciales
de Oviedo y Laviana, forma una circunscripción electoral
que designa tres diputados a Cortes.
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