HISTORIA DE LENA
C A P I T U L O II
RECUERDOS
HISTORICOS - LA FABULA Y LA HISTORIA - NOTICIAS DE ANTIGUOS
POBLADORES DE ASTURIAS - HUELLAS DE SU PASO EN EL CONCEJO DE
LENA - ESTRACTOS ETNICOS DE DOS RAZAS PRIMITIVAS - TESTIMONIOS
DE GEOGRAFOS E HISTORIADORES - ASTURIAS ROMANA - LOS ASTURES TRASMONTANOS
EN LA GUERRA CON AUGUSTO - RESTOS QUE SUBSISTEN DE LA DOMINACION
ROMANA.
Los pueblos mas antiguos de que guarda recuerdo la historia
de España, son los atlantes y los iberos; y según
recientes estudios han hecho ver, ambos eran dolicocéfalos,
tenían elevada estatura, fuerte osamenta y forman el mas
denso de los estratos étnicos de la península. Opinan
algunos autores que atlantes e iberos son la misma entidad; y hay
discusión muy empeñada sobre si los iberos son los
atlantes africanos establecidos en nuestra Iberia, o si vinieron de
los países asiáticos. Los que esto afirman (1), hácenles
traspasar los limites de Asia y establecerse en la Iberia oriental,
o Sapiria, en las faldas meridionales del Cáucaso, dirigiéndose
algunas tribus mas al norte, hasta la ultimas estribaciones de los
montes Urales, donde se ha creído hallar costumbres e idiomas
semejantes a los de los pueblos euskaro; y encaminándose otras
al occidente, y poblando en varios puntos, como la Aquitania y la Liguria,
cruzan las comarcas del Ródano, salvan el Pirineo, y se extienden
hasta los confines del país que desde entonces fue llamado Iberia.
Pintaius
Nuevas invasiones de diversas gentes, atraídas
por la riqueza exuberante del suelo, registra después
la historia. Los ligures, descendientes de una emigración
aryana, establecidos en la Liguria antes de venir a nuestra
península, o cuando la abandonaron perseguidos por los
celtas, que hay distintos pareceres, acamparon en las montañas
de la Bética, y tuvieron allí una ciudad importante
no lejos de Tarteso, Ligustina. Según Estrabón, los
ligures fueron una nación independiente de iberos y de celtas;
y por lo que resulta de perseverantes estudios craneológicos,
tuvieron caracteres particulares: fueron braquicéfalos, aunque
no en igual grado a los celtas. En las guerras con los iberos, o sicianos,
debieron conseguir la dispersión de las tribus pirinaicas,
por lo que dicen Tucidides y Silio Itálico (2) pero hacia
el año 500 antes de Cristo ocupaban, mezclados con familias
iberas, las dos extremidades de los montes Pirineos.
Con los informes de un periplo griego de
autor anónimo, escrito en el siglo VI antes de nuestra
era, y basado en noticias de origen fenicio, compuso Rufo Festo
Avenio su obra “Ora marítima”, donde nos habla de los
ligures habitando los mas ásperos montes de nuestra cordillera:
“Si en ves de navegar a las islas Oestrymnias (3), quisieras
variar el rumbo dirigiendo la proa hacia los mares donde la Osa
muestra su Carro, surcaras la costa de los ligures, desierta y
despoblada de colonos arrojados de allí por los celtas en
continuas luchas”. Retiráronse entonces lo ligures a las montañas
y fijaron su mansión en las selvas, cultivando tierra estéril
junto a las altas rocas que ocultan sus crestas en las nubes. La
figitiva gente que se había guarecido en las sierras, dirigía
con espanto los ojos al país costeño, escarmentada
de anteriores reveses; y después de muchos años de
ociosidad y de reposo, fortalecida con la seguridad de su audacia,
decidiéronse a bajar nuevamente a la marina” (4).
Como dieciséis siglos antes de Jesucristo,
penetraron los celtas en España, no de una vez, sino
en irrupciones sucesivas. Eran de origen ibero; atravesaron los
puertos del Cáucaso, divagaron durante siglos por los desiertos
hiperboreos, en el país de Escitia, y trashumando después
con sus mujeres, hijos y ganados hacia Europa, se establecieron
en la Galia, y desde allí, navegando en sus barcos de cimbras
forradas con pieles fueron a Irlanda unos, y otros vinieron a nuestra
península, llegando a las riberas del Garona, donde empezaron
sus combates sangrientos con los iberos hasta que ocuparon la mejor
parte de su territorio, y aliados con ellos formaron la nación
celtibera.
Debieron abordar a Asturias por las playas
del Cantábrico, hallando exigua población de
Iberos; y es probable que se hiciesen dueños absolutos
de la tierra como toda la región del Noroeste, donde en
el siglo V antes de Jesucristo, les sitúa Herodoto (5) junto
al país de los Cunetos (Cinesios, Cinetas) que son los que
mas tarde aparecen bajo la denominación de lusitanos, Astures
y Cántabros. Fernández Guerra en su libro “La Cantábria”,
apoyándose en la identidad de algunos nombres de territorios
y lugares de nuestra región, con otros del país donde
vinieron los celtas, reduce la población de Asturias a una
circasiana tribu de “Asturicanos” (6) acampados entre el Cáucaso
y el mar de Azof, excepto en las comarcas del Eo al Nalón,
hasta el nacimiento del Narcea y del Ibias, que hicieron suyas
aventureros pésicos, gente escita avencindada hacia el mar
de Aral, el Caspio y los monte Oxios.
Casi al mismo tiempo que los celtas debieron
llegar a España los fenicios, arribando a las costas
del sur. Aquí establecieron multitud de colonias, para
exportar los tesoros de Iberia; plata, oro, cobre, esclavos, lanas,
aves, todo fue objeto de su activo trafico, llegando por este medio
a ejercer sobre la península entera una especie de soberanía
que parece haber durado siglos.
Desde sus primero viajes debieron de tener
informes de lo abundantes que eran las regiones que baña
el Cantábrico mar en los mas preciados metales; el oro,
el cobre y sobre todo el estaño que tanto codiciaban para
fundir sus celebrados bronces.
No importa la falta de pruebas escritas,
pues la misma descripción contradictoria y confusa que
nuestras costas septentrionales y de los criaderos de estaño
nos dejaron los antiguos geógrafos, evidencia el cuidado
con que los navegantes fenicios ocultaban las fuentes de su comercio,
procurando desorientar a los otros con indicaciones falsas (7).
El nombre de Gijón y su leyenda de
Hercules y Gixan (8), dan claro testimonio de que los mercaderes
de Sidón y Tiro llegaron allí con sus
ventrudas naves, como también a las playas de “pésicos
y selénios”, buscando oro de sus montes, el lino de los
“Zoelas”, el estaño de Ablaneda y Salas (9), de los cobres
de Onís y del Aramo, y es indudable que tuvieron en todo el
litoral factorías y estaciones y hubieron de penetrar en el
interior, de igual modo que lo hicieron en el sur, fundando a Córdoba,
a Sevilla y a Sidónia, para establecer relaciones mercantiles
con los “clanes” celtas que continuaban en las minas los trabajos
de los iberos, y para dirigirles también, probablemente, en
la explotación de los filones.
¿Que indicios hay en la permanencia
o el paso de estos pueblos diferentes, en el limitado territorio
a que hemos de referir esta breve narración histórica?.
Virgen hallara el campo la investigación para toda suerte
de exploraciones; y en el ha de trabajar quien intente realizarlo
con fruto, sirviéndose de todos los medios de que
la nueva ciencia se vale para rastrear las huellas de razas y civilizaciones
primitivas. Sin despreciar ni un ápice, ella recoge
y une los esparcidos restos, procurando la restauración en
cuanto pueda.
El uso y la costumbre extraños, porque
han perdido su verdadera significación, el nombre
de una finca o un peñasco, el conjuro supersticioso repetido
por generaciones infantiles, como por los papagayos de América,
las reminiscencias de aborígenes idiomas, tienen mas
valor histórico que los propios documentos, porque en ese
caudal heredado y transmitido de unos a otros, late siempre viva
el alma inmortal de los pueblos.
Relacionando el vascuence con los idiomas
tártaros, la filología ha descubierto
semejanza entre aquel y estos, y ambos, según expresión
feliz de un historiador ilustre, son como los dos eslabones
de una gran cadena de pueblos de la misma estirpe que unía
esas familias hermanas, y que han roto los siglos.
Las palabras son fósiles en que permanecen
petrificadas las ideas. “Los hombres emigran como las plantas
y animales”, escribió el Padre Fita al fundar el origen
asiático de los Cántabros en la sinonimia geográfica;
y Fernández Guerra explicando aquel fenómeno
cierto, recuerda que los españoles del siglo XVI
transportaron de igual modo al Nuevo Mundo los nombres de nuestros
pueblos y ciudades.
Así nosotros habremos de apreciar,
no como casual coincidencia, sino como recuerdos de las iberas
tribus en sus emigraciones, la equivalencia onomástica
del río “Lena” que cruza las comarcas hiperboreas de la
Escitia occidental (10), con los valles de “Lena”, en el norte de
Irlanda (11), y la montuosa y pintoresca región cuya historia
hoy recordamos (12).
“Vindia” se llama una cordillera de la India
septentrional, que separa las tierras del Indo de las del Ganges.
Tolomeo al reseñar los nombres insignies
de la España Tarraconense, nombra el “Vindio” (13)
cuyos limites, si hemos de guiarnos por los grados de longitud
y latitud que les asigna, fueron desde el Bierzo hasta las fuentes
del Pisuerga; es decir, comprendieron las montañas que
dividen Asturias y León, sobre las cuales están situados
también algunos pueblos denominados “Arbas” hasta hoy,
que recuerdan la aryana ciudad del mismo nombre en los ásperos
breñales de Hircania.
Una población celta (¿Tuiza?)
debió tener asiento no lejos del Puerto de La Cubilla,
y nos induce a creerlo así la designación de “Puerto
de Tilobriga”, “Tulebriga” y “Turlebriga” (14) con que también
fue conocido aquel puerto. En las cumbre de Pajares que limitan
los concejos de Lena y Aller, sobre el monte de Matarredonda, hay
un sitio prominente, o cabezo, que le llaman el Hombre de Piedra, “L’ome
de piedra”.
Conservase la tradición de que allí
estaba un hito marcando la divisoria de ambos ayuntamientos,
y aun se ven esparcidas multitud de piedras de enorme tamaño
que acaso fueron parte del mojón. El significativo nombre
del lugar y la memoria de que hubo en el un monumento fronterizo,
inclinan a creer que fuese uno de los términos que las tribus
ponían para acotar su territorio, valiéndose de simulacros
en forma de animales, estatuas y otras figuras, símbolos
de origen, de alianza, o de culto (15).
Como síntesis de su investigación
epigrafica sobre las inscripciones halladas en Asturias,
Hübner vio algún fundamento para creer que hubo
allí una religión peculiar, y que se introdujo en
aquellos valles el culto Mithriaco.
Fundidos con las costumbres, mudados en
tradiciones y consejas, o cristalizados en imágenes
y diseños, viven todavía en Lena, mitos y practicas
de culto indígena, los cuales cuidadosamente observados,
y recogidos con inteligente esmero, serian de valor inestimable.
Un trabajo muy original, que debiera ser
imitado por nuestros folkloristas, ha realizado el arqueólogo
portugués Sr. Leite de Vasconcellos en su “Estudio ethnographico
a propósito de ornamentacao dos jugos e cangas dos bois
nas provincias de Douro e Minho” (1.881). llegando a establecer
analogías muy curiosas entre los símbolos y las figuras,
rayados a navaja, que los boyeros y labradores portugueses usan en
los yugos, con los signo y ornatos prehistóricos, y con representaciones
del sol y de la luna propias del culto aryano.
Pidiendo informes a los campesinos, reuniendo
facsímiles y analizándolos, llego el Sr. Leite
a persuadirse de que tales adornos no eran mas que el ultimo
baluarte donde se albergaron muchas creencias antecristianas. Ocultas
otras en el jeroglífico que con mano inconscientes rayan
los montañeses de Lena, en yugos, madreñas y banastas,
esperan quien las descifre para entregar su preciado tesoro a
la etnografía.
Los pueblos aryos, como los pastores de
nuestra majadas, vivían en dialogo perpetuo con la
soledad agreste, e interrogaban al cielo observando sus mudanzas
y variaciones, que les anunciaban pastos abundantes para sus
rebaños, o estériles sequías. El galardón
del beneficio era obra de “Agni”, del sol provido y fecundo;
y de un tenebroso genio de azote cruel. El bien y el mal estaban
simbolizados en la luz y las sombras.
Para la poesía védica la luz
que se oculta por la noche, o que entenebrecen por el dia los
nublados, la lluvia que aguardan sedientas las campiñas,
fueron robadas por un maligno genio que las tiene en prisiones.
Armado con un brillantes rayo, Indra lucha con aquel, le vence, liberta
la luz y las aguas, y estas caen en los campos y los fecundan, y el
sol explende sobre la tierra.
Estas tribus de guerreros y pastores, no
vieron en los campos azules del firmamento mas que héroes
y rebaños: las nubes eran vacas celestes: leche el agua que
encerraban en sus senos; las lobregueces de la tormenta, el establo
donde las vacas se hallaban ocultas; y los truenos mugidos de vacas.
Oyendo rezongar, ya próximo, ya lejano
de los truenos un pastor de Pajares, en cuya choza yo estaba
guarneciéndome de la tempestad, me propuso esta “cosadiella”
(adivinanza), que parece un mito aryano en su primitiva sencillez
y cuyo sentido oculto era la misma tormenta que escuchábamos:
“Tras d’aquel quentu,
tras d’aquel utru,
relintxa la yegua,
nun paez el potru. (16).
Algunos recuerdos mas de la mitología
védica subsisten en otros de esos populares enigmas,
que he olvidado, y en tradiciones y cuentos del país.
Las nubes cautivas del mito aryo, son a
veces tesoros ocultos, y la amada o la esposa del héroe;
con cuyos elementos se formó en las naciones de raza
aryana todo un cielo de leyendas. Su germinación y desarrollo,
han sido explicados con maestría, no exenta en ocasiones
de exageración sistemática, por Don Joaquín Costa
(17), a quien seguimos en esta breve exposición.
El ha relacionado directamente con aquel
cielo la tradición asturiana del “cuelebre” guardián
de tesoros ocultos en cuevas, y de la reina mora, encantada con
sus ajorcas, anillos y joyeles en palacios subterráneos.
En esas narraciones cíclicas, se localiza y circunscribe a
una época histórica el mito del “Rig-Veda” en las vacas
aprisionadas por Pani y custodiadas por una serpiente, son rescatadas
por Indra.
Igual filiación puede atribuirse
a las consejas del vulgo sobre “La Cueva del Saburnín”,
en términos de Pajares, y la que en Campomanes llaman
“El Pozo de Lago”. Dicen de la primera que allí escondieron
riquezas fabulosas los moros, y que algunos permanecen encantados
en el recinto, a cuya entrada hay un “cuelebre” o dragón,
que son sus ojos lucientes como esmeraldas pone espanto en quien
intenta penetrar; y así otras maravillas semejantes.
La Cueva del Lago es un palacio hecho de
mármol transparente y oro purisimo, donde hay amplias
galerías y estancias primorosas, estanques y surtidores
de agua. El rey moro que habitó en el, dejó en secreto
lugar:
“La piel de un buey pinto perfectamente
cosida y rellena de monedas de oro, siete mil diamantes de
colosal tamaño, infinidad de cadenas de oro y plata
de mucho peso, y un número incalculable de piedras preciosas,
con un juego de bolos de oro con sus bolas correspondientes, con
el cual al amanecer el dia de San Juan Bautista salen a la pradera,
o meseta de La Cobertoria, ocho xanas bellisimas y juegan a los bolos
hasta que sienten venir un hombre, en cuyo caso desaparecen rápidamente.
El desencanto solo podrá conseguirlo, el año en
que el dia de San Juan amanezca nevado y sea dia del Corpus, y
una cabrera que aquel dia cumpla veintidós años, sea
rubia con ojos negros y se llame Sol, para ella serán todas
las riquezas del El Pozo de Lago, y además podrá casarse
con un príncipe buen mozo y también rubio, pero de ojos
azules”. (18).
Otra de las manifestaciones del culto solar
fue la veneración de las fuentes, en especial de las
caldas, como puede verse en el “Corpus incripstionum”, por
multitud de ex-votos dedicados a las ninfas de los manantiales;
y próximo al concejo de Lena, en Boñar, ayuntamiento
de La Vecilla, existe la fontana termal, donde se encontró
un de aquellas lapidas votívas.
Ya en el siglo VI San Martín, Obispo
y Abad Dumiense, reprendió aquellos ritos idolatrados
que practicaban los labradores gallegos invocando “In fontibus
nimphas”, encendiéndoles cirios, “ad fontes cereolum
incendere”, y haciéndoles ofrendas de vino y de pan “vinum
et panem in fonten mittere”. Ceremonias semejantes del panteismo-naturalista
céltico, censuradas también por el XVI Concilio toledano,
se conserva a pesar de todo hasta nuestros días en el concejo
de Lena, donde en la mañana de San Juan, después de
consumido el fuego de las hogueras tradicionales, que son un rito
de la misma especie, van las mozas de aquellos lugares vestidas de
fiesta, a poner guirnaldas de ramaje florido en las fuentes, y a buscar
en ellas “la flor del agua”, que conserva la hermosura y da felicidad
y un buen marido a la venturosa doncella que la coge.
Disfrazados de zaleoas o felpudos, cornamentas
de vaca o cordero, y collares con cencerros, brincan en migiganda
estruendosa, durante los días de Navidad, los “zamarrones”
de Erias, Malvedo, Casorvida, La Frecha…, recorren villas y
aldeas pidiendo el aguinaldo. Esta singular costumbre corresponde
con exactitud a la “Fiesta del Ciervo”, que aun se celebró
a fines del siglo pasado (siglo XVIII) en varios puntos del Mediodía
francés, y es acaso una derivación del culto a la
luna, simbolizada por el ciervo.
De aquel festival “Hennula Cervula”, entre
los habitantes del norte de España en el siglo VI, nos
daría cabal idea el santo Obispo autor de “Parenesis ad
penitentiam” en un libro suyo también, mencionado por el
en esa obra, y de cuya perdida se duele así el Sr. Menéndez
Pelayo: “Las tima grande que se haya perdido el libro intitulado
Cervus o Kerbos, que escribió San Ponciano de Barcelona
contra la costumbre que tenían sus diocesanos de disfrazarse
en las kalendas de enero con pieles de animales, y especialmente de
ciervo, , para correr de tal suerte las calles pidiendo aguinaldos,
y cometer mil excesos y abominaciones”.
Los banquetes fúnebres que según
Herodoto, honraban a sus consanguíneos muertos los Tracios,
y los Isidones, pudieran proceder de la misma raíz, que
el extraño ceremonial luctuoso, usado todavía en
nuestros lugares de montaña. donde el dia del entierro los
parientes y amigos del finado se reúnen en su propia casa, después
de dar sepultura al cadáver, sentándose a la mesa
para asistir a suntuoso convite con que el duelo les obsequia.
(19).
Si de analizar los sedimento que dejo el
caudal de ideas religiosas de aquellas razas en la nuestra,
a cuyo inventario pudiera añadirse aún la creencia
en los “nuberos” (20), y la “güestia” (21), pasásemos
al estudio de las instituciones sociales, no podríamos
menos de ver señales de un colectivismo agrario primitivo,
en el verdadero ataque al derecho actual de la propiedad consagrado
por el uso con el hombre de “derrotas” y en una especie de propiedad
común y organización de su aprovechamiento en las llamadas
“morteras” de Pajares.
Muchos lugareños de ese montuoso
país, acampados en medio de pastos abundantes, con
sus viviendas hechas de pedruscos y argamasa de barro, y cubiertas
con losas de pizarra, asocian así, de manera irresistible,
la idea de las mansiones y de los “clanes” celtas esparcidos por
aquellas alturas y hondonadas. Su fisonomía moral revela
asimismo caracteres bien marcados de un civilización primitiva
y algunos muy singulares que merecen la atención del sociólogo.
El individuo desaparece sumado con los otros
en la única individualidad que tiene representación;
el pueblo, o sea el “clan”. Si el individuo significa algo,
es en cuanto forma parte de ese todo. Para las gentes comarcanas
el miembro de una familia de otro lugar, no es “fulano” hijo
de “tal” y de “cual”, sino que su apellido es el nombre del pueblo
a que pertenece, y a quien se atribuyen los agasajos u ofensas
que se hacen al individuo; de donde se originan muchas veces verdaderos
combates a mano armada entre los pobladores de ligares diferentes
que acostumbran a luchar victoreando a su pueblo, dando así
testimonio evidente de que por el pelean. Los derechos y la justicia
de unos son los de los otros, aún en el orden interior, y
el destino de cada cual esta ligado al de la multitud; la venganza
se impone a todo como un deber, y la pena del Talión es la suprema
expresión de la justicia.
Este fundamental concepto del “clan” solidario
se irradia a todas las relaciones de la vida, dentro y fuera
del pueblo, pero muy especialmente en lo que atañe a la
propiedad, donde se conservan muy arraigadas formas de su origen
colectivo que no han logrado extinguir ni las leyes con su tendencia
a favorecer la conversión de la propiedad común en individual,
ni la perseverante lucha del interés privado de la familia y
del individuo por crearse una esfera de ación independiente del
“clan” verificando este movimiento egoísta de concentración
en torno de intereses particulares que anteriormente hubo de realizar
el “clan” respecto de la tribu.
Después que los labradores y propietarios
de Lena han levantado los frutos de sus campos y heredades,
como si reapareciese el derecho del pueblo a toda la tierra de
su demarcación, meten libremente los vecinos a pastar sus
reses en erias y praderas, sin que los dueños de estas puedan
estorbarlo; costumbre ya estudiada en otras partes por los historiadores
de la propiedad que hallaran aquí un nuevo dato, para sumar
a los recogidos por Laveleye, Sumner Maine, Azcárate, etc.
Diodoro de Sicilia, hacia el siglo I de
nuestra era, refiriéndose a los vacceos lindantes
con los astures, dice que anualmente repartían los
campos, y reuniendo los frutos de todos daban después
a cada cual la porción que le correspondía, castigando
con pena de muerte al que no entregaba integra su cosecha al acerbo
común.
Una fase en la evolución de
la propiedad colectiva a individual, señalada ya entre
los vacceos, si apreciamos en su justo valor la dureza con que
eran castigados los que intentaban apropiarse los frutos de cultivo,
representaban la propiedad común, que desde tiempo inmemorial
tienen los vecinos de Pajares sobre una extensa zona de praderas
denominada “morteras” (22), y la forma de aprovechamiento colectivo,
que ofrece semejanza con la costumbre de los vacceos, según
Diodoro.
Con la vecindad se adquiere en Pajares el
derecho a la propiedad en común de las morteras, y
los vecinos tienen derecho a apacentar allí sus ganados
en la porción convenida con anterioridad, o bien dividen
en suerte la dehesa y adjudican por aquel año, su parte a
cada uno, pudiendo entonces acotarla con sebes hasta el tiempo de
recoger la hierba (23).
Merced a importante descubrimiento, como
casi todos debido a la casualidad, surgió de las entrañas
del Aramo un rayo de luz que permite ver algo de la cultura
prehistórica en esta comarca (24), dándonos también
idea de los hombres que, en edad remota, vivieron en ella, por
los huesos esparcidos en los socavones de una mina, que se unen y arman
para comparecer como testigos en el progreso de las razas.
En lo alto del Aramo, en el “Pico del Gamonal”, que se eleva a
6.029 pies de altura, se conocía en los comienzos de este
siglo un pozo “natural” de nieve, donde iban a preveerse de ella
los de Oviedo, Gijón y Avilés. Formase en aquella
cumbre un valle en figura de embudo, y en su fondo había
un brocal de dos metros de ancho que daba entrada al pozo, todo de peña
viva, sobre el que los torbellinos arrojaban la nieve acumulándola
en grandes cantidades. Los que iban a buscarla, bajaban atados
con cuerdas a la sima, sin que nunca llegasen a ver el fin
de esta, aunque en años escasos de nieve descendieran mas de
treinta metros en su busca, encontrándola de un color negro
en aquellas profundidades (25).
Así transcurrieron los años sin que a nadie ocurriese
pensar porque estaba allí abierto aquel extraordinario
pozo, hasta que en el mes de septiembre de 1.888 subieron al Aramo
el ingeniero Sr. Van-Stralen y otros amigos suyos de Lena con objeto
de pasar un dia en el campo. Alguien de los que estaba allí
se fijo en que las hojas de un árbol se movían a pesar
de la calma absoluta del ambiente: aviso de su observación
extraña a los demás, e indagando el origen del fenómeno,
vieron que al pie del árbol se abría un pozo
por donde soplaba con fuerza una corriente de aire fresco. Examinando
el boquete, notaronse los primeros indicios de antiguas labores
mineras; y rastreando después otras señales, descubrieron
los pozos perforados verticalmente en la montaña y puestos
en comunicación con extensas e intrincadas galerías,
abiertas para la explotación de abundantes venas de cobre.
¿Que gente había extraído
aquellas riquezas minerales del Aramo? ¿En que forma
comerciaron con ellas? ¿Cuando se abandono esa mina que
aun hoy promete incalculables tesoros?. No es posible cerrar estos
interrogantes con una afirmación categórica. La tradición
oral llega desde remotas edades hasta nuestro oídos
repitiendo la palabra ”Aram” con que la lengua semita designo ese
monte (26) en el hay grutas que aun no escudriño la
ciencia. Como la conocida por el nombre de “Cueva del Moro” (27).
Y en los profundos senos de la montaña se hallaron despojos
de una civilización extinguida, tales son los elementos
de juicio con que se cuenta; pero entre ellos tienen importancia
suma los huesos y utensilios allí encontrados, y los caracteres
propios de yacimiento.
Aquellas extensas galerías cuyas
bóvedas fueron horadadas en el mineral, así
como también labrados en el mismo los pilares que las
sostienen en los sitios peligrosos, aparecieron en parte impregnadas
de hollín, en parte la peña viva tostada por el fuego;
y esparcidos aquí y allá en toda la extensión
del subterráneo, tizones y carbón vegetal abundante,
ramos cubiertos de piel engrasada que ardieron como teas; trozos
de beleño (28) quemados por una punta y fijos en pelotas de
barro adheridas a la pared de las bóvedas, en cuyas luces también
se alumbraron los trabajadores; una fuente a la que servia de pilón
el casco de una calavera, martillos de piedra caliza y de varia magnitud
(algunos pesan 9,50 kilos), con una ranura circular en la parte media
de la superficie, hecha para encajar un nervio o correa que los ceñía
y los sujetaba a un mango, si no es que sin el se valían aquellos
hombres para su manejo; mazas de piedra también con encajes
para que los dedos de la mano pudiesen abarcarlos; picos de asta de ciervo,
artesillas planas vaciadas en madera, o hechas de una tabla y un borde
leñoso sujeto a ella con espigones de palo, o cosido con cuerdas
de tripa, un cuchillo de hueso, con filo muy cortante y punta por los
dos extremos; hachas de cuñas de piedra de distintas formas, y una
avellana con primorosas labores.
Trazada en la arcilla que llena un hueco
de pared en la conjunción de varias galerías,
hallóse una cruz “acompañada de dos rayas paralelas
horizontales” (29) ; y en otro cruzamiento de diferentes filones,
tres piezas superpuestas (la de encima de aspecto calizo y de acentuada
blancura), colocadas sobre una roca en el centro de holgada excavación.
Dos esqueletos humanos y muchos huesos de
otros catorce que se han descubierto en las minas. Dos de
ellos tenían al alcance de la mano sendos martillos de
piedra, y uno de tales esqueletos, y otro de los dieciséis,
aparecieron sentados con las piernas juntas y las rodillas a la
altura de la barba. También se hallaron en el interior de
la mina, osamentas de animales, y singularmente la de un ciervo de
extraordinarias proporciones.
Al pie de la montaña, cerca de la aldea de Llamo, distante
un kilometro de las bocaminas, se encontró gran cantidad
de escorias; como si allí se hubiesen realizado algunas
operaciones para fundir el metal, y en los trabajos de
explanación necesarios para levantar los edificios de la
explotación moderna, se dio con el sitio en que probablemente
acamparon los primeros trabajadores. Basta inclinarse en aquel
lugar, dice el Sr. Dory, para recoger un instrumento de trabajo
o un utensilio casero; crisoles de arcilla refractaria con mezcla
de cuarzo molido, fragmentos de ollas de igual masa que los crisoles,
espátulas, piedras perforadoras, piedras de afilar, etc,
etc.
La simple enumeración de los anteriores
descubrimientos es suficiente para apreciar todo el valor que
encierran. Por una relación muy animada que se conserva
de Plinio, sabemos como se verificaba entonces la explotación
de los metales; y puesto que os medios de que se valían
acusan un progreso en relación con los que empleaban los
mineros del Aramo, el texto de la “Historia Natural”, sirve para circunscribir
de alguna manera el periodo de tiempo en que hubo de trabajarse esta
mina.
El cobre se extraía como el oro,
por medio de labores que Plinio tiene por obra de gigantes,
“Valiéndose de galerías que recorren grandes
extensiones de terreno, dice, se cruza los montes a la luz de
luminarias. Rompen las rocas con fuego y vinagre. Mas como en
los subterráneos el vapor y la humarada sofocarían
a los mineros, estos suelen emplear para hendir los martillos de 150
libras de hierro. Después los operarios llevan, dia y noche,
sobre las espaldas los fragmentos, pasándoselos de uno en
otro a través de las tinieblas. Los mineros situados a la
entrada de la mina son los únicos que ven la luz del sol”.
En las excavaciones del Aramo quedan señales
de que se aplicaba el procedimiento de torrefación
que Plinio menciona en primer lugar; y los pozos abiertos verticalmente
en la montaña, dieron salida a vahos y humarada, librando
de la asfixia a los trabajadores. Aquellos grandes martillos de hierro
para quebrantar la roca, no los conocían estos operarios que
solamente de piedra, de hueso o de asta fabricaron sus aperos y útiles.
“Pero la peña (continua Gayo Plinio)
no es el obstáculo mas difícil; lo es una tierra,
especie de arcilla arenisca, que llaman tierra blanca, imposible
de atacar por lo dura, si no es con uñas de hierro y con
los martillos de que he hablado ya”.
No debió ofrecer tanta resistencia
la arcilla que rellenaba todos los huecos de la roca en el
Aramo, pues los dedos, de hombres y niños, impresos allá
a millares indican que la población minera ni aun se valía
para esa operación de los instrumentos usuales mas
primitivos, sino que empleaba los rudimentarios procedimientos
de que canto en poeta:
Arma antiqua manus, unges dentesque fuerunt
Según autorizadas opiniones, puede
calificarse de centros prehistóricos de explotación
cuprífera las minas de Cerro Muriano (30), (descubierta
por el Sr. Villanova a 8 kilómetros de Córdoba)
de Tartesia, y del Milagro de Onís, considerada esta
última por muchos como la mas antigua explotación de
cobre de Europa. Al par de ellas bien puede mencionarse la mina del
Aramo, si no es que su antigüedad es mayor todavía puesto
que allí no se hallaron instrumentos de cobre ni herramienta
alguna.
Los mazos y percutores de piedra del Aramo
son de la misma forma que los de la estación paleolítica
de San Isidro, cerca de Madrid; y los martillos de arenisca
con ranura en la superficie, por donde pasaba un nervio, se
hallaron igualmente que en el Aramo en las minas de Córdoba,
de Huelva y de Onís.
La mayor parte de las veces debieron proceder
estos martillos al uso del hierro, y Cartilhac (Portugal),
refiriéndose a los de la mina del Milagro, tienenlos por
indicio de la antigüedad de su explotación, y dice
que el hallazgo de tales instrumentos puede atribuirse ordinariamente
a una época premetálica.
Muchas osamentas encontradas en el Aramo,
fueron cedidas por los ingenieros Sres. Ibrán y Van-Stralen
al museo de Anatomía Antropológica de la Facultad
de Medicina de Madrid, donde hoy se conservan. El insigne antropólogo
Don Federico Oloriz, profesor de anatomía de la mencionada
facultad, cediendo bondadoso a mis instancias, expuso en breve nota
su opinión a cerca de esos antiguos esqueletos en los términos
siguientes:
“Hay 191 piezas esqueléticas humanas
y unas 60 pertenecientes a un cuadrúpedo de gran tamaño.
Muchas de las piezas están bastante deterioradas; pero
en general, conservan integridad y consistencia necesarias para
poderlas manejar fácilmente, estudiar las formas y hasta
medir las principales dimensiones. El color de los huesos varia entre
gris terroso y negruzco brillante como bronceado, y en muchos puntos
existe una delgada cascarilla debida, al parecer, a incrustaciones minerales
que, al desprenderse, dejan ver el color casi normal del hueso seco”.
“Confrontando una con otras la piezas esqueléticas
humanas, se logra reconocer que la mayoría de ellas
pertenece a dos sujetos y que las demás corresponden
a otros cuatro distintos, por lo menos. El examen de los cuatro
cráneos que se conservan y en el de todos los huesos, que
poseen diferencias sexuales apreciables permite afirmar que los
seis individuos del Aramo fueron del sexo masculino, y alcanzaron la
edad adulta, o se aproximaron mucho a ella, pues solo uno de ellos presenta
incompletamente soldadas las epifisis, señal de que no había
terminado su crecimiento”.
“Pero a la ve se observa tan considerable
desarrollo de los miembros y de los quintos morales y un desgaste
de las coronas de los dientes, lo bastante marcado para afirmar
que esta individuo, el mas joven de todos, debió morir
después de los veinte años. También es de creer
que los otros tres sujetos cuyos cráneos existen, no pasaron
de los cuarenta años, ni aun llegaron quizás
a los treinta y cinco, pues presentan sin soldar todas las suturas,
tienen abiertos todos los alveolos y ocupados aun muchos de ellos
y no ofrecen mas desgastado el esmalte de los dientes que el joven
de veinte años antes referido. Solo tres conclusiones es prudente
sacar de los datos y juicios que preceden, a saber: los hombres del
Aramo tenían varios de los rasgos osteológicos de las
razas prehistóricas; no eran celtas, y pertenecían probablemente
a la población autóctona de Asturias que aun persiste”.
Después de esta sumaria exposición
de hechos, ya conformes, ya en contradicción con las
noticias históricas de tan remota antigüedad, no
vamos a deducir afirmaciones que habían de ser provisionales,
y resultarían muy aventuradas por falta de elementos de juicio
suficientes. Aportamos al proceso histórico algunos datos;
en ellos hay a veces claros indicios que orientarán a otros
en sus indagaciones, y no aspiramos a mas.
Un texto de Estrabón, muy conocido,
debe relacionarse con el testimonio de los hechos, pues de su
aproximación y conformidad puede obtenerse alguna prueba.
El insigne historiador - geógrafo, (66 antes de Jesucristo
al 24 después de Jesucristo) comprende en un cuadro general
de costumbres las de todos los montañeses que vivían
en la parte mas septentrional de España.
Según sus noticias: fueron esas gentes
de austeras y originales costumbres. Gustaban de vestirse
con telas pintadas de flores las mujeres, y traían los
hombres sayos negros y, como ellas con el cabello largo que recogían
sobre la frente con un cintillo cuando se aprestaban a combatir.
Eran sobrios en el alimento, que condimentaban con manteca en
vez de aceite, y bebían solo agua y “Zytho” (31) en vasos
de madera como los celtas; vino cosechaban muy poco, y ese lo
consumían en expléndidos banquetes familiares. Comían
sentados, los mas viejos y los de mayor dignidad, ocupaban puesto
preferente en los asientos que, formando hemiciclo en sus viviendas,
tenían adosados a las paredes; y mientras que los vasos de
cerveza iban de mano en mano, danzaban los jóvenes al son
de una especie de dulzaina. Sin desnudarse, se tendían a dormir
en el suelo y sobre unos cabezales mullidos con hierbas. Exponían
los enfermos en sitios públicos, según acostumbraban
los egipcios, para que los transeúntes que se hubiesen curado
de igual enfermedad les diesen su remedio. Para comerciar se valían
generalmente de la permuta, o de porciones que iban cortando de una
lamina de plata.
Hacían sacrificios al Marte /el sol),
de prisioneros, caballos y machos cabríos (32). Celebraban
sus bodas a la usanza griega. Apedreaban a los parricidas en
lugares desiertos y despeñaban a los demás criminales.
Así viven, termina diciendo Estrabón, los montañeses
de la parte mas septentrional de España, gallegos, astures
y cántabros, hasta la Vasconia y el Pirineo, todos tienen
las mismas costumbres, “omnes enin eoden vivunt modo”. Poco mas sabemos
de primitivos astures. Gayo Plinio, que estuvo algún tiempo
de Procurador en España, contó veintidós pueblos
entre los astures augustanos y los tramontanos, y el total de su gente
llegaba a 240.000. De aquellas tribus que dice tenían denominaciones
bárbaras, “Barbare apllationis” nombra solamente a los cigurros,
pesicos, lacienses y zoleas; pero Ptolomeo, sin cuidarse tanto de agradar
a oídos cultos, menciona además los briguecios, bedones,
salinos, orniacos, lungones, superacios, amacos, tiburos, enumeración
que amplían con los nombres de avolgigos, visaligos, y cabruagenigos,
los celebres pactos de clientela y hospitalidad escritos con nombre
laminado, (tessera) que Mabillón dio a conocer (33).
Se ignora que territorio ocuparon muchas
de esas tribus, pero hay fundamento para creer que una de ellas
la de los “sainos”, vivió en parte de lo que es hoy el
concejo de Lena. El mapa critico que de algunas regiones y pueblos
antiguos de España hizo Don Aureliano Fernández Guerra,
como apéndice a su magistral estudio sobre la CANTANBRIA, este
sabio investigador de nuestras antigüedades, reduce la población
de “Nardinium” a la actual de Castiello (34); cerca de la Pola, y
sitúa a “Intercatia”, en el lugar de Castro sobre Cangas del
Narcea. Ambas poblaciones son capitales de los “selinos” y de los
“orniacos”, respectivamente, según el autor de “Enarratio
Geographica”, y la región de estos últimos acaso se
extendió por la zona sur de Lena, en la antigua Orna (hoy Huerna)
si no es que alguna familias de “orinacos” se establecieron allí.
(35)
Libre de toda dominación extraña
permaneció esta población autóctona durante
muchos siglos. Lo indómito de su carácter, su destreza
y su arrojo eran inexpugnables como las agudas rocas y los tajos
profundos a cuyo abrigo pusieron sus hogares y haciendas. Dos siglos,
después que los romanos fueran señores de España,
aún los gallegos, astures y cántabros, no están
sujetos a su dominio, y en frecuentes correrías por las tierras
de los “autrigones” y “váceos” despertaban los recelos de
Roma, cuando Augusto creyó preciso venir desde las provincias
de la Galia a someterlos (27 antes de Jesucristo).
Ya vencidos después de heroica lucha, gallegos y cántabros,
y habiéndose refugiado estos en el monte Vindio, “con
la seguridad de que antes llegarían allí las aguas
del océano que los ejércitos de Roma”, osan los
astures transmontanos salir al encuentro de las armas imperiales,
y salvando la frontera de sus montes, como rebaños de fieras
descendieron las autónomas tribus hasta orillas del
“Astura” (río Esla), donde fue la campaña memorable
que termino, como un canto homérico, en las ruinas de Lancia
(36) (25 antes de Jesucristo).
Arrancados unos de sus inaccesibles guaridas,
se le obligo a poblar en los valles cerca de los campamentos
romanos, exigiose a otros rehenes, y se vendió el resto,
coronándoles con flores según el derecho de la
guerra.
Dos años después, volvieron
a tomar las armas contra Carisio. Raza feroz, mal avenida
con las servidumbres, hizo el último esfuerzo por su
libertad, llenando de asombro a los invasores que a sangre y fuego
impusieron su dominio (37). Para consolidar la paz, respetaron
durante mucho tiempo las instituciones indígenas, a la
vez que ocupaban militarmente el territorio con tropas de las tres
cohortes que Tiberio destino a guarnecer la costa septentrional.
Entonces fue cuando la dilatada red caminera
del imperio extendió por la región de los astures
sus últimas ramificaciones para asimilarse al país.
Construidas esas calzadas hace veinte siglos, coinciden casi siempre
con las modernas vías.
Atravesaba el concejo de Lena pasando por
“Nardinium (Castiello) la que terminaba en “Lucus Asturum”,
y aún se descubren señales de ella en los montes
de Pajares y en otros.
Inexploradas todavía las antigüedades
romanas de Lena, poco hemos de añadir por lo que se
refiere a las reliquias de esa civilización, conservadas
de igual modo en epitafios y ruinas que en instituciones como
las juntas de vecinos a son de campana, para deliberar y ejecutar
las decisiones del común “conventi publici vicinorum”.
Enterramientos y monedas se hallaron cerca
de la capilla dedicada a los santos Emeterio y Celedonio en
Muñón Cimero. Muchas lapidas y sepulturas romanas,
fueron descubiertas en el siglo XVII en Campomanes; y el Padre Luis
Alfonso de Carvallo, de quien tomamos la noticia, añade que
por ello recibió el lugar antiguamente el nombre de “Campus
Manium”. En el monte “Castiello” de Cabezón, donde a principios
del siglo presente (XIX) había indicios de edificación
antigua, parece que se recogieron entonces algunas monedas de emperadores
romanos, cuchillos y una gran piedra molar. Dando barrenos en cierto
peñasco próximo a la carretera de Castilla en términos
de Pajares y sitio denominado” Coaña de las Cuevas”, apareció
un sepulcro y monedas dentro de el, que fueron donadas a la colección
del arqueólogo ovetense Don Francisco Díaz Ordoñez;
y un vecino del lugar de La Muela, dicen que fue rico por “un santo
de oro” que saco del mismo peñascal, y aun muestran el agujero
de donde saco la fortuna.
¡Lastima es que por no haberse inventariado
a tiempo tales hallazgos, solo se pueda hacer de ellos esta
sumaria indicación!.
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1 - Don Manuel de Góngora en
“Antigüedades Prehistóricas de Andalucía”
y Don Aureliano Fernández Guerra en “La Cantabria”.
2 - Algunos dicen que esta emigración
de los sicianos ocurrió cuando la primera invasión
celta.
3 - Al promontorio céltico,
en la región de los ártabros, es el cabo Finisterre.
4 - Ora Marítima, libro I, versos
130-146
.
5 - Libro de “Les Primiers Habitants
de L’Europe”de H. D’Arbois Jubainville
.
6 - San Isidoro dice que los astures
tomaron su nombre al río Astura (hoy Esla)
7 - D. José Oliver y Hurtado,
aduce a este propósito el testimonio de Estrabón
al referir que un piloto fenicio cuando se vio seguido por una
nave romana, encallo el suyo para que los romanos no supieran de
donde procedía.
8 - “Gigia Antigua y Moderna”,
de D. Gregorio Menéndez Valdés.
9 - Acerca de estos criaderos de estaño, explotados
en la antigüedad véase el importante estudio de
los Sres. Schulz y Paillette, publicado en el “Boulletin de la Societe
Geologique de France”.
10 - Es el “Lena” un río de
Rusia, en Siberia occidental. Nace en los montes Baikal, pasa
por la provincia de Yakutsk donde corre por un terreno enteramente
llano, recibiendo por su marcha lenta el nombre de “Lena”, y desagua
en el Océano Artico
.
11 - La llanura de “Lena” esta al pie
del monte Cromia en la costa del Ulster, al norte de Irlanda.
En los cantos gaélicos atribuidos a Ossian por Macpherson,
figuran muchos los valles y torrentes de “Lena”.
12 - En los documentos latinos se llama
“Lena” como hoy, pero en el siglo XVI, se escribían y
decían “Llena”, efecto de la duplicación que sufre
toda “l” inicial en Asturias. Tirso de Avilés saco aquella
heráldica, tan estupenda como pésimamente rimada: “Por
ser llamada y abundanta, esta bien claro, y me suena, me cuadra el nombre
de Llena”
13 - Los Montes Vindios”, publicado
en el Eco de León el 17-10-1.865.
14 - En un pleito de la abadía
de Parana con el Abad de Arbas en 1.710 dice así: “La
Abadía de Parana esta sita al pie del Puerto llamado de
Fierros de donde nace y desciende un río que viene a juntarse
en el lugar de Campomanes, con otro río que viene del Puerto,
llamado Tilobriga, que baja por el valle llamado “Huerna”
.
15 - Refiriéndose a estas manifestaciones
del arte indígena en figura de toros, jabalis, caballos.
Etc. opina el Sr. Fernández Guerra, que no se ha podido convencer
de la verdad de esta observación que califica de “muy aguda”
e insiste en creer que son restos de monumentos sepulcrales.
16 - Tras de aquel collado, tras de
aquel otro, relincha la yegua, no aparece el potro.
17 - En su publicación “Mitología
y Literatura Celto - Hispanas” Madrid 1.881.
18 - La leyenda de el Pozo de Lago,
se publicó en “El Pajares” revista quincenal de Pola de
Lena, el 15-5-1.891. A esa versión pertenecen los entrecomados
del texto.
19 - En el Concilio de Goyanza se acordó dar mas sentido
cristiano a esta costumbre, poniendo reparos y cortapisas.
20 - Personaje mitológico asturiano,
“El Nuberu”, que hacia llover, vivía en Egipto era alto
y feo y usaba capa, cuando le hacían un favor decía:
“Si alguna vez vas a Egipto, pregunta por Juan Cabrito”.
21 - Personaje mitológico asturiano,
que vagan en procesión anunciando males y desdichas.
22 - En varias escrituras de donación
de Alfonso III al Monasterio de Santo Adriano, y Natalia de
Tuñón, aparecen terrenos denominados “morteras”.
Du Cange define así la palabra “mortera”: Palus, locum
ubi aqua stagnat.
23 - Algunos ven en esta forma de la
propiedades elementos de origen aryo como los celtas, y recuerdan
el sorteo de tierras entre los visigodos y romanos; las mark germánica
se constituyo en terrenos “morteras” que disfrutaban en común
24 - En estas minas se encontraron
importantisimos vestigios de una cultura muy antigua.
25 - Tomamos estas noticias de las
gentes del país que bajaron a la cueva, y enviaron a Martínez
Marina para el diccionario geográfico que proyectaba
la Academia de Historia, donde hoy se conservan los originales.
26 - Aram: grande, elevado.
27 - La mayor parte de las cuevas han
dado origen a leyendas populares donde viven moros encantados.
En una donación de Alfonso III leemos: “In monte Aramo
bustum quod dicunt Foios, et bustum Fonte-frida, et bustum quod dicunt
Orticeto, et alioOrticeto, et busto quod dicunt Coba, et busto
Joanni Panunin, et illa mortera, et busto cuod dicunt Coba maiore,
et Coba minore. Estas cuevas a que se refiere la donación
¿serán cuevas naturales, o las bocaminas de explotaciones
abandonadas?.
28 - Con tallos de beleño se
alumbran hoy todavía en algunos pueblos de nuestra montaña.
Los galño-celtas adoraban el sol con el nombre de “Bel”
o “Beleno”. ¿Provendrá de aquí el nombre
de aquella planta?
29 - Para algunos pormenores del yacimiento
y enumeración de objetos encontrados, el ingeniero don
Alfonso Dory estudia técnicamente esta mina y pone de
relieve la riqueza que atesora. El Sr Dory dice que la cruz a que
nos referimos tiene forma de cruz romana. Pudiera resultar que
fuese el signo “Svasti”.
30 - En tiempo de Plinio era aun muy estimado
para la fabricación de moneda, el cobre de estas minas,
conocido por los nombres de “cobre Marianao” y “cobre de Córdoba”.
31 - Bebida fermentada, hecha de trigo,
cebada u otros cereales.
32 - Los masagetas inmolaban también
caballos al sol.
33 - La tessera a que nos referimos,
fue descubierta en España y llevada a Italia donde la
copio Mabullón.
34 - Cada tribu tenia su ciudad fuerte,
situada en lugar estratégico y defendida con fosos y
parapetos, de tierra las mas veces, pero también de mampostería.
Allí se refugiaban para defensa los pobladores de la comarca.
En el sitio que ocupa hoy el camposanto de Castiello, se encontraron
vestigios de antiguas construcciones, así como en próxima
eria de Vidriales. Es significativo que muy cerca se conserve en otro
paraje el nombre de “Castiello cimero”, y mas arriba aún se
llame a una explanada “Los castiellos”.
35 - La región de los “orniacos”
debió extenderse hasta el Bierzo donde corre el río
llamado hoy Duerna, y en antiguos documentos Orna, afluente
del Orbigo.
36 - Lancia estuvo a dos leguas de
León, entre los ríos Esla y Porma. Según
el Sr. Tuñón Quirós, gran parte de la guerra
contra los romanos se desarrollo en la zona oriental de Lena
y occidental de Aller, donde pelearon los generales Augusto y Carisio.
Cerca de Pajares en La Romía tuvieron campamento los romanos,
y en las majadas de Fierros su fuerza principal. En Bustohumoso
fue el banquete fatal de astures y cántabros antes de rendirse.
37 - En opinión de algunos el
pueblo de Campomanes, debe su nombre a los romanos que allí
dieron sepultura a multitud de compatriotas muertos en una batalla
de esta guerra.