HISTORIA DE ASTURIAS
C A P I T U L O III
MEMORIAS
DE LA EDAD MEDIA - EL SUEVO HERMERICO Y EL VANDALO GUNDERICO
SE ENCUENTRAN CON SUS EJERCITOS EN LOS MONTES ERBASEOS - SUMISION
DE LOS ASTURES POR SISEBUTO - VAGOS RECUERDOS DE UNA POBLACION
SOBRE EL LENA - LA RECONQUISTA - TRADICIONES DE TIBIGRATIAS Y
DE REPELAO - LENA EN LOS COMIENZOS DE LA MONARQUIA ASTURIANA - MONASTERIO
Y PALACIO DE VEGA DEL REY - HUERNA Y LENA EN LOS SIGLOS X
Y XI - EL OBISPO GUDESTEO Y SU VILLA DE REBORETO - MUERTE DEL
REY DON SANCHO EL MAYOR EN CAMPOMANES - EL ANTIGUO MONASTERIO HOSPITAL
DE ARBAS DEL PUERTO - ALBORES DEL REGIMEN MUNICIPAL EN LENA Y HUERNA
- CARTA PUEBLA DE ALFONSO X EL SABIO - EL FUERO DE PAJARES - RECUERDO
DE LENA HASTA EL SIGLO XVI.
En la general devastación de España por
los pueblos bárbaros al comenzar el siglo V, cuando
aquellas hordas trahumantes iban dejado en pos de si poblaciones
y mieses entregadas al incendio, cadáveres insepultos,
el hambre y la peste, libre Asturias de tanta desolación vio
llegar a sus puertas, disputándose a Galicia, las tribus
feroces de vándalos y suevos.
Refiere Idacio que el año 419 Gunderico,
rey de los vándalos, sitio en los montes Erbáseos
a los suevos del rey Hermeríco, hasta que por mediación
de Asterio, conde de las Españas, abandonaron su propósito
los sitiadores y se dirigieron a Bética (1).
“Algunos piensan que esos montes - escribe
el Padre Juan de Mariana - son los que en este tiempo se llaman
Arbas, puestos entre León y Oviedo; conocidos por un antiguo
monasterio que allí hay, y aún dicen que son los
mismos que Ptolomeo llama Narvasos”.
Muchos y graves autores sustentan ese
parecer, fundándose, principalmente, en la sinominia;
pues ya hicimos constar como en varios puntos de las montañas
que se extienden desde Pajares hasta Litariegos se conserva el
nombre de Arbas, que además se repite en los montes veranos,
cerca del río Luna (2).
Sea cual fuere la puntual situación
de los montes en que los vándalos asediaron a los suevos,
esta fuera de duda que los astures, ya permaneciesen leales
al imperio romano o recobrasen su autonomía, vivieron libres
de los nuevos invasores, y hasta en tiempos de Sisebuto (siglo
VII) no quedaron definitivamente bajo su poder; a cuya época
refiere una vaga tradición local, la fundación
de un pueblo a orillas del Lena, donde hoy esta la Pola.
Cien años después ya no
existía el floreciente imperio visigodo: Diezmado
su ejercito y puesto en fuga por los musulmanes junto al Lago
de la Janda, quedaron en sus ciénagas la corona real sin
ventura, de quien, vivo ni muerto, nadie supo mas. Desde allí
las falanges avasalladoras de Tarik y de Muza corrieron triunfantes
por España y esparcieron en ellas el terror y la ruina.
Huyendo despavoridos de la muerte, de
la cautividad y el ultraje, llegaban a la cordillera pirinaica,
refugiándose muchos en Asturias, obispos y soldados,
monjes y labradores, viejos niños y mujeres, llevando
consigo las reliquias de sus templos, de la patria destruida, y
el ajuar y la honra de sus hogares. Semillas aventadas del campo yermo
por el huracán, germinaron al otro lado de los montes
al calor y la fe; y España renació en Covadonga, uniendo
para siempre, visigodos, romanos y celtíberos.
Cuentan que el rey Don Pelayo con sus
bravos guerreros llego a las cumbres de Pajares, persiguiendo
a los moros vencidos y dispersos; después de ganarles
otra batalla en un lugar que conserva el nombre de “Re-Pelao”
vieron alejarse de Asturias a los moros. Libre de invasores el solar
de la naciente monarquía, dicen que Don Pelayo con los suyos,
dio por ello gracias al Señor en un paraje de aquel monte,
que se vino a llamar de “Tibi gratias”.
No habrá sido el territorio de
Lena de los primeros en repoblarse, temiendo a nuevas incursiones
de los enemigos que ocupaban León. A falta de testimonios
fehacientes, la tradición y la leyenda suponen que dos
antiguos pueblos de la región cuyas memorias escribimos no
estuvieron despoblados entonces. Según algunos, Alfonso
II el Casto repobló Campomanes, otorgándoselo en
feudo a Johan de la Cruz, por servicios propios y de los montañeses
de Orna (Huerna), afamados honderos; y cuentan que en un asalto
a Castiello, la vieja “Nardinium” por las tropas del mismo Alfonso,
un judío converso que en ellas militaba, lucho con tal
coraje aún después de perder ambos ojos en la pelea,
que el rey premió a héroe invalido dándole
toda la vega próxima, después llamada, “Vega del Ciego”,
por ser suya.
En el siglo IX ya tenemos noticias claras
y seguras de los territorios de “Orna” y “Lena”. Allí,
como en toda la abrupta porción de monarquía
restaurada, las primeras flores que brotaron en la tierra que
anego la conquista, fueron joyas del arte cristiano, no extinguida
totalmente en la catástrofe. En torno de la Cruz de Pelayo
fueron reuniéndose los pueblos libres, al amor y al
abrigo de las instituciones religiosas.
Cinco monasterios, probablemente de la
Orden de San Benito, situados en diversos puntos de la comarca,
indican otros tantos centros de población. Sus monjes
de igual modo que Fromistano en Oviedo, y Felix en Obona, a la
vez que roturaban eriales, surcaban los limites de un poblado.
San Pedro y San Pablo de Felgueras, (hoy
Santa Cristina), Santa María de Parana, San Claudio
de Erias, San Eugenio de Moreda y Santa Eulalia, (3) eran los
nombres de esos monasterios; y aunque no se conoce la fecha de su
fundación, como a casi todos se menciona en documentos de
principios del siglo X es seguro que en el siglo IX ya existían
(4).
De uno de esos cenobios, edificado no
lejos de Felgueras y sobre la Vega del Rey, conservase aún
afortunadamente el templo dedicado a San Pedro y San Pablo Apóstoles
por el abad Flaino, como se lee en la inscripción votiva.
En el siglo XII había desaparecido
el monasterio, si a de creerse al padre Argaiz, y la ermita
en que paro la iglesia con tierras y heredades que tiene al
contorno se anejaron al monasterio de San Salvador de Valdedios,
por donación del emperador Alfonso VII (5). No se pudo
comprobar, mas en el incendio del archivo de Valdedios en el año
1.348, pudo destruirse el privilegio a que se refiere el Padre Argaiz,
y ,lo habrá visto en alguna copia, si no es también de
que la tradición obtuvo la noticia; pero resulta indudable que
en el siglo XV Valdedios poseía los terrenos próximos
a Santa Cristina de Lena (5).
Atribuíase en el siglo XVI a Ramiro
I, la fundación del ermitorio, y haber construido por
allí un palacio cuyas ruinas y cimientos se mostraban
entonces el lugar que por sincopa llamaron “Paz del Rey” (6) así
como Vega del Rey, a la que esta cercana; tradición fortalecida
por el hecho de que junto a las iglesias del Naranco, de Ramiro I
también, y a las que se parece mucho en su ornamentación
la de Santa Cristina hubiese dispuesto edificar el propio soberano,
“Palatia et balnca pulchra atque decora”, según coetáneos
anales, pudiendo haberse elegido de igual suerte para estancia real
este lugar de Lena.
La semejanza, identidad a veces, del templo
de Santa Cristina con los otros fundados por Ramiro I, y
en particular con el de Santa María del Naranco, erigido
en el año 848, induce a creer próxima la fecha de
esas construcciones, hipótesis aceptada por la mayoría
de los arqueólogos que las estudiaron, y en donde se apoya
la opinión general de que la capilla de Lena, es obra del
siglo IX.
Aislada sobre un cerro por el amor a la
soledad, permanece después de diez siglos esa delicada
labor del arte cristiano, donde místicas abejas susurrando
oraciones, fabricaron la miel de su vida penitente.
La pequeña ermita se hace notar
desde luego por su traza. Lo reducido de sus proporciones,
su pequeña perspectiva que contribuyen a formar no ya
los ángulos entrantes y salientes de los muros, sino treinta
y dos contrafuertes prismáticos que la flanquean, ofrecen
un conjunto en extremo agradable, cuya armonía interrumpe
el moderno campanario que pesa en la fachada principal del oeste.
Por su estructura típica que permanece
intacta desde el siglo IX; por el tono marcadamente oriental
que baña el conjunto y resalta en los detalles; por
sus dimensiones y la escasez de recursos con que se fabricó
este monumento, dificilmente ha de encontrarse otro mas
original entre todos sus contemporáneas dentro y fuera de
la península (7).
Si del antiguo monasterio de San Pedro
y San Pablo resta la joya del arte que acabamos de admirar,
de los otros que hubo en Lena, solo el recuerdo permanece.
Cuando piadoso rey Alfonso III donaba
a la Iglesia de San Salvador el convento de San Claudio, entre
Orna y Lena, y su próximo casar llamado Erias, debe presumirse
que la fundación monástica no era reciente, si esas
erias que dieron nombre al lugar, fuesen como es probable, las que
empezaron a labrar los monjes antes de agruparse allí la
población agrícola. Nada mas sabríamos de esta
casa religiosa, a no ser porque dos heredades guardan memoria de ella.
Llamase una, “Viña del Monasterio” y “Monasterio” otra donde
se hallaron sepulturas y un badajo de campana con su cadena pendiente.
Los despojos del convento dícese que se emplearon en construir
las vecinas casas de La Frecha, y en algunas se advierte señal
de viejos materiales.
Del Huerna en las orillas se alzaba el
monasterio de Santa Eugenia de Moreda, rico en propiedades
a juzgar por la demarcación de su territorio que hace
Bermudo II, cuando ordena en 992 que cuantos habiten o hayan de
habitar dentro de aquella comarca, vivan sujetos al servicio del
monasterio, conminando con penas a los transgresores, y a los que
allí cometiesen algún delito.
En el siglo XVIII, se conserva la tradición
de que el monasterio dedicado a Santa María de Parana,
sobre el río “Ferros” o Serros”, había sido de monjes
benedictinos que tuvieron allí sus casas y granjas con
viñedos (9) aforándolo todo a los moradores
de aquellos lugares, al abandonar los religiosos el Monasterio
para vivir quizás en el de San Pedro y San Pablo de la Vega
del Rey (10). Nada cierto se sabe de cuando esto sucedió,
pudiendo afirmarse únicamente que Parana en el siglo XIV,
ya no era mas que Abadía (11).
Y aun deberíamos creer que en la
segunda mitad del siglo XII, estuvo el convento abandonado
por los religiosos, de referirse a cierta escritura que el
Abad de Arbas alego en pleito con el prelado ovetense sobre el
derecho de presentación a la Abadía, escritura en
la que Vela Pelaiz, Oria Pelaiz, y otros participes en el Monasterio
de “Paraias”, lo donan al hospital de Santa María de Arbas
y a su Abad, a condición de que ponga un presbítero
que ruegue a Dios por las almas de sus parientes.
A fines del siglo X, los infanzones de
Lena, valiéndose de malas artes, usurparon a la Iglesia
de San Salvador los monasterios de Moreda y de Parana; mas apenas
Fernando I ciñe en su frente la corona de León,
movido de su piedad, se apresura a restituirlos a la iglesia desposeída;
establece al mismo tiempo sabias disposiciones para evitar despojos
semejantes, y concede exenciones extraordinarias a los vasallos
de San Salvador, tanto libres como siervos interesando de este modo
su fidelidad (12).
La adscripción perpetua por “obnoxación”
(13) que establece Bermudo el Gotoso, para cuantos habitaran
o viniesen a habitar en términos del cenobio de Moreda;
la sanción penal que impuso a los transgresores y a
los que cometiesen actos de violencia en dicho coto; y es otra especie
de fuero que Fernando I concede en general a los vasallos de la
Iglesia de San Salvador, y particularmente a los adscriptos a los
monasterio de Moreda y Parana, muéstranos como desde fines
del siglo X fue preciso atajar las rebeliones de siervos, clientes
y colonos, apoyadas muchas veces por los infanzones con la intención
perversa, y que fueron el primer indicio de la aspiración
de los pueblos a ser autónomos, desarrolada en contiendas
frecuentes y deplorables con la Iglesia de Oviedo, dueña de
gran parte de Asturias por voluntad y alta política de sus reyes.
Estos, según el derecho visigodo,
eran señores de todas las tierras conquistadas, pero
de hecho solo poseían las que expresamente se reservaron.
Pobres de recursos para atender a las imperiosas necesidades
de la guerra, en cuya persecución exclusivamente habían
de emplearse, devastado por ella el suelo, fuente casi única
de producción, era preciso atender a la defensa de los
territorios dominados, fomentar su repoblación inmediata,
estimular las faenas agrícolas.
Unas veces premiaron los servicios militares
de los nobles con la propiedad de comarcas para que en ellas
levantasen fortalezas y con sus siervos y vasallos las poblasen
y defendiesen; en otras ocasiones dieron a la Iglesia el señorío
de tierras y lugares, ya por mera devoción y piedad,
o porque les franqueaba sus tesoros y con ellos mantenían las
huestes; ora concedían terrenos para su cultivo, a los monjes
que huyendo de los musulmanes se refugiaban en Asturias con las
reliquias de los Santos, que, expuestas de nuevo a la veneración,
atraían las fieles multitudes aun mas que las carta - pueblas
y los fueros; o sancionaban la “presura” (14) de fugitivos señores,
que con sus familias, clientes y ganados ocupaban yermos parajes.
Algunos nobles, dueños de haciendas
limítrofes, se organizaron para la resistencia, eligiendo
a uno por caudillo y le daban el diezmo de lo que labrasen, con
que debía atender a los gastos de la guerra, al mantenimiento
de todos en hueste, y a la sustentación de los clérigos
y de las Iglesias que habían edificado (15).
Iban así formándose las
cédulas de aquel organismo social; pero con independencia
rudimentaria, sin otro vinculo que el del suelo y la fe religiosa,
sin mas fuerza de cohesión que la defensa común
organizada con carácter permanente o transitorio.
Inseguras las fronteras, el solar invadido
en frecuentes algaradas, los magnates rebelándose a
menudo contra el rey, o en lucha unos con otros, solamente la guerra
y la anarquía pudo ser el estado social del reino de Asturias
y León en sus primeros años; y para poner a
cubierto sus personas y sus bienes en aquel conflicto de fuerzas individuales,
los débiles se ampararon de los poderosos, aumentando así
su predominio.
Atentos sin duda los monarcas asturianos
a esa peligrosa fermentación de ambiciones, robustecieron
el señorío de la Iglesia de San Salvador, en quien
tenían el mas poderoso auxilio moral y material del
principado.
Por eso las donaciones de pueblos y lugares
que a la Iglesia hicieron, quedo escrito el desarrollo de
la población en Huerna y Lena.
Se sabe por informes muy seguros que en
los siglos IX y X, además de los monasterios susodichos,
ya existían o estaban repoblados, el lugar de Veiga
(junto a Piñera), en el valle de “Orna”, y una Iglesia
fundada bajo la advocación de San Pelayo, cuyo lugar tenia
por términos a “Pinnera de Sorores, Rogatas, Arvalicto,
el río Orna, etc.” (16); Campomanes entre le Huerna y Lena,
con su templo dedicado a Santa María, obra del siglo X, que
hasta hace pocos años conservó los capiteles primitivos,
de gusto oriental.
Sobre Lena, Castiello donde aun se ve
la antigua portada de su Iglesia, que desde entonces se llamó
de Nuestra Señora; Guiedoro con las de San Andrés
y San Salvador; Banao, que son su templo veneraba por patrono a
San Feliz (17); y en márgenes de Lena, la Iglesia de Santa
Eulalia en Villansio (18); Terminalia (¿Columbiello?) con la
suya denominada de San Vicente; y un templo de fabrica bizantina consagrado
a San Martín, que corresponde al actual de Villayana, donde
hay restos de aquella arquitectura en el ábside circular y
en su cornisa exornada con canecillos alegóricos (19).
Entre esas poblaciones estuvo la de Roboreto,
acaso de las mas antiguas y principales, edificada al pie
de la que hoy es Pola de Lena, en el arrabal que conservó
romanceado el nombre de Robledo. Permanecen sus vestigios en ruinas
y sepulcros, y probablemente allí procedió una lapida
que primero estuvo en el lienzo norte del templo parroquial de La
Pola, y después sirvió de asiento en el portal de la
casa de Don Fernando García. La inscripción dice
así:
+ Joanni sepulcrum
in era 924.
Pero no hay noticia de Roboreto hasta los primeros años
del siglo XI. Era señor y dueño de esa villa, el
obispo Don Gudesteo, y la dono con sus praderas, pastos, montes,
molinos, y pesquerías en el río Lena, a la Iglesia
ovetense que la regia entonces (20).
Este prelado ilustre, oriundo cuando menos
de Lena, si bien hay motivos para suponerle natural de su territorio,
fue muy estimado por el rey Bermudo II, hasta que “por dar
crédito falso a parleros” como dice el canónigo
Tirso de Avilés, trocó al monarca su valimiento
en persecución sañuda. Lo refiere el obispo
Don Pelayo en su “Cronicón Regum Legionensium”, con tonos
y detalles propios de una leyenda. Bermudo, escribe el famoso
cronista del siglo XII, fue por mas indiscreto y tirano. Arbitrariamente
encerró al obispo Gudesteo en un castillo que llaman
Prima de la Reina, en los confines de Galicia, y por tres años
le tuvo en prisiones. Dios mando una sequía tan grande
sobre la tierra, que ni labrar si sembrar pudo hombre nacido, y
el hambre cundió en toda España. Ciertos varones temerosos
de Dios, fueron entonces al palacio del rey y hablaron a este: “Señor
rey, unos siervos de Dios tuvieron revelación, y nos
lo han dicho, que por el gran pecado que hiciste con poner
en la cárcel a Gudesteo, ni caerá lluvia, ni de
tus dominios saldrá la miseria, hasta que libertes a aquel
obispo y viva en Paz”.
Oyolos el rey y despacho mensajeros al
obispo de Astorga que tenia encomendada la diócesis
ovetense, ordenándole soltar a Gudesteo, y dejarle libre
a su prelacia. En aquella hora, abundante lluvia cayo sobre el haz
de la tierra, y los campos dieron fruto y huyo el hambre de los
reinos de Asturias y León.
Por los documentos del siglo XI y especialmente
por la donación de Fernando I (21) se puede completar
en el cuadro de la población de Lena. Sabemos que ya
existían entonces Memorana y su templo de Santa Columba,
Villanueva de Sorriba, Zureda, Jomezana, Collada, Telledo,
La Cortina; y cerca de Parana y en el Coto del Monasterio, Linares
con la Iglesia de San Mamés u Ripa-farta con la suya de San
Pedro bajo el monte de La Cariza; Barcenella, Olles (¿Buelles?),
Fresnedo, la ermita de Oria en el valle de Cabezón, dedicada
a Santa María (22).
Navedo, con mas la Iglesia de Santa Eulalia,
hoy de San Bartolomé, donado en 1.038 al convento de
San Vicente de Oviedo por una religiosa llamada Goto, y la de
San Sebastián, sobre el río Lena que había
pertenecido al conde Donelle Majitiz, merino del rey.
El territorio de Lena estaba ya muy poblado
como se ve y comprendía, a semejanza de lo que paso
en mas regiones de Asturias, otras pequeñas agrupaciones,
entidades o diminutos concejos, en cada uno de los cuales había
para su defensa un castillo, quizá levantado sobre restos
de otro de remotos tiempos, ya de los romanos cuando dominaron a los
astures o sobre las defensas dispuestas por Alfonso I el Católico
y sucesores en el trono asturiano. Ya por el diploma de referencia
o por ruinas de dispersos sillares, cuando no por insistente y secular
tradición, sábese aquí de existencia de
tales baluartes.
El de Pajares, llamado hoy Sierra
del Castillo - a cuyo pie hay un paraje que se llama Polación,
sitio del antiguo Pajares - cerca de unos prados que probablemente
por haber sido entonces tierras de labor, se llaman actualmente
“las erias”. Jovellanos menciona vestigios de otro castillo
en una peña escarpada sobre el río en términos
de Fresneda de San Martín de Puente de los Fierros; el nombre
de Castiello mas abajo indica otro tanto; por tradición antiquísima
se han transmitido referencias de otro castillo roquero en Villayana;
y a este tenor en otros sitios del dilatado Lena.
De un suceso importante aunque oscuro
y controvertido, que las crónicas refieren incompleta
o confusamente y que la tradición también desfiguro
y abulto con fantástica leyenda, debe hacerse mención
aquí y en este periodo de la historia asturiana. Tal
es la muerte de Sancho III o el Grande de Navarra, de quien se
cuenta que hallo traidora y alevosa muerte en Campomanes por fría
venganza de encubierto enemigo, diciéndose que de este
sangriento trance tuvo origen el legendario adagio: “Si la ficiste
en Payares, pagarasla en Campomanes” (23). No es fácil depurar
con critica el suceso por las dichas confusión y vaguedad
de los elementos históricos.
Cuando murió el joven Conde de
Castilla a manos de traidores asesino en mayo de 1.029, paso
el condado a Don Sancho de Navarra por derecho de su mujer
Doña Mayor o Doña Elvira, hermana de la infeliz víctima
de los Velas en quien termino la línea de Fernán González.
El monarca navarro ambiciono extender sus estados y se metió
injustamente en los de León, apoderándose de territorios
entre le Pisuerga y el Cea, donde puso limite a su reino.
Leoneses, asturianos y gallegos tomaron las armas en defensa de su
rey Bermudo III, casado con Doña Jimena o Urraca - que de
ambos modos la nombran los documentos - hermana también de Don
García el desventurado conde.
Parece que Don Sancho dispuso la restauración
de la ciudad de Palencia, encomendando este cuidado a Don Ponce,
obispo de Oviedo, de quien es de extrañar estuviere en
tan estrechas relaciones con el rey navarro, siendo súbdito
del de León, a no ser que aquel considerase pertenecer a
la Iglesia ovetense la tierra palentina por antigua concesión
de Alfonso el Magnánimo.
La guerra iniciada entre los reyes asturianos
se detuvo por concierto y boda de la infanta Doña
Sancha hermana del leones, con Don Fernando, hijo del navarro,
celebrada en 1.032. Sin pretexto apenas corrido un año
volvió Don Sancho a la contienda apoderándose de
Astorga y entrometiéndose por el Bierzo, León y
Asturias, dilatando por tan injustos medios los bastos estados,
que ya gozo por brevísimo tiempo, pues en 1.035 le sorprendió
la muerte, aciaga según Viñoles y Carballo, en
los montes de Lena yendo a visitar las reliquias y el templo de
San Salvador en Oviedo; o natural, según los prelados cronistas
de Toledo y de Tuy, después de repartir las tierras de su
herencia y conquistas para cuatro coronas de hijos. No es fácil
hoy depurar tales extremos y hay textos para apoyar la sangrienta
asechanza por antiguos resentimientos en vida tan revuelta como la
de Don Sancho; pero también la fatiga o de senectud en tan anciano
y valeroso caudillo (24).
Antes de pasar adelante conviene referir
aquí memorias de Santa María de Arbas, que aunque
enclavada hoy en términos de la provincia de León,
históricamente perteneció a la de Oviedo. Además,
aquella fundación influyo poderosamente en el pasado
de Lena; con su territorio y entidades tubo intima y accidentada
relación; y si por aquel reparo geográfico hemos de
prescindir da la relación artística del bizantino
monumento con vestigios románicos y góticos amen
de posteriores restauraciones, no podemos prescindir de interesantes
noticias de su pasado confundido en tantos siglos con el de Lena.
Fundada la casa de Santa María,
a semejanza del monástico albergue del Monte San Bernardo,
para amparo de caminantes y peregrinos, a San Salvador de Oviedo
y Santiago de Compostela, la leyenda popular refriere su primer
asomo con la llegada de dos hermitaños a aquel lugar abrupto
a donde también vinieron dos regios varones huidos de su lejana
tierra para expiar en penitencia un tremendo delito. Formada así
la naciente comunidad, esta empezó a levantar el templo y
vivienda capaces a su beneficio propósito de protección
a los peregrinos. Y refiere también la tradición que
un obrero virtuoso llamado Pedro se durmió rendido al trabajo
y que fue despertado por extraña voz que le gritaba: ¡Pedro
despierta!.
Vio entonces que un terrible oso se cebaba
en uno de sus bueyes que le servían en el acarreo de
materiales; y Pedro inspirado, se acerco a la fiera asturiana,
que se le entregó sumisa y se cejo uncir con el buey que
quedaba para continuar en el transporte de piedras y maderas.
Así cuentan que se fundo la Abadía
de Arbas, servida por abad y canónigos reglares de
San Agustín, y favorecida consecutivamente por reyes,
próceres y gente piadosa. De su principio cierto no hay
fecha segura, si bien en información moderna se deduce por
donaciones particulares de 1.103 la existencia anterior del templo
dedicado, a Santa María con el titulo de Arbas del Puerto;
y es de significación el documento de 1.114 por el que el
conde Don Froila Dieguez - que venia como confirmante de diplomas
en la época - con la condesa Estefania y sus hijos, aparecen
como espléndidos favorecedores del Monasterio, reinando
Doña Urraca, otorgándole extensos territorios (25);
mas con todo no aparece con fijeza la primitiva fábrica de la
Abadía. Ya estaba terminada en tiempos del emperador Don Alfonso,
y este y su hijo Don Fernando II hicieron donaciones en favor de los
canónigos y pobres que se amparasen en el expresado albergue.
En 1.214 Alfonso IX visito la piadosa morada y dono a Martín Muñoz,
abad entonces, y a sus canónigos, el realengo de chozas “In
Ponte de Ferros” con la condición de que hicieran aniversarios
el dia de la Purificación de la Virgen, y que uno de ellos hiciese
oración por el durante un año; disponiendo se socorriese
con pan a todo el que lo pidiese en aquel hospital; y probablemente
le dio entonces a Lena, con la condición de dar trescientos áureos
para el acueducto del Cister (26). En 1.1216 el mismo rey y su hijo
primogénito Fernando, se hospedaron en Arbas y confirmo las
donaciones que su padre y abuelo habían hecho al Monasterio,
añadiéndole de su cuenta mas rentas para socorro de
vino a los viandantes por aquel “tan santísimo lugar, de donde
quiera que vengan, tanto el hombre bueno como el malo, siempre que
pidan humilde y devotamente la limosna de caridad”, eligiendo entre
los pobres y transeúntes, a los huérfanos, viudas
y peregrinos, legos y clérigos, que oren por el, por sus padres
y por los fieles vivos y difuntos en la capilla. Confirmo asimismo
todas las anteriores donaciones, eximio a la fundación de toda
clase de cargos, dono cien aranzadas de viñas en Toro, el portazgo
de Puente de Fierros, con todo lo que allí había de realengo,
muchos terrenos, caseríos y ganados en los Argüellos y
otros puntos, y Lena integra.
A este ejemplo en los siglos XIII y XIV
los reyes San Fernando, el Sabio Alfonso, Sancho el Bravo,
y el Emplazado Fernando, siguieron amparando al Monasterio
en 1.217, 1.245, 1.270 y 1.304, refiriendo el Padre Sarmiento,
que vio la última confirmación, ser este un documento
por muchos conceptos notable (27). A igual prosperidad de Arbas
contribuyeron nobles y gente piadosa. En 1.212 Pedro Mauro de Aller
y su mujer Jimena Pérez ofrecieron sus personas y riquezas
a Dios, a la Virgen y al abad Don Fernando y a sus sucesores, prometiéndoles
obediencia y vivir si tener esa propia. En 1.266 procediendo el
ascenso de Don Pedro, obispo de Oviedo dividió el abad
con acuerdo de su cabildo en tres partes el total de las rentas,
aplicando una a la Abadía, otra al Cabildo, y la tercera
al Hospital, y que, disuelto el vinculo de la religión quedaron
secularizados, según podía comprenderse, en 1.419. Este
año se establecieron por el obispo de Oviedo Don Diego Ramírez
de Guzman y el abad de Arbas, algunas constituciones concernientes
al restablecimiento de la disciplina, señalando entre otras,
el termino de jurisdicción abacial, su conocimiento en primera
instancia de todas las causas relativas a los clérigos y seglares
de la Abadía, con imposición de censuras, y otras reglas
de orden interior para lo referente al culto divino y administración
del Hospital. DE esta suerte, con rentas, privilegios y preemencias
creció en importancia la Abadía de Arbas y mejor respondió
a su destino. Sus campanas tocadas al vuelo y sus servidores dando voces
por aquellos caminos abiertos sobre el abismo, servían para
enveredar a los pasajeros dándoles después albergue,
alimento y abrigo. Y era el abad prebendado de muchos derechos y exenciones
con mas presentación de beneficios y curatos de las provincias
de León, Zamora, Valladolid y Oviedo; siendo suyas las Iglesias
de San Martín de la Pola, San Félix, hijuela, y San Miguel
de Robledo. Mas adelante volveremos a ocuparnos en esta fundación
que tiene papel principalisimo en los anales de Lena (28).
¿Y de cuando data la organización
municipal de Lena? No es fácil puntualizar esta fecha,
pero puede señalarse a comienzos del siglo XII.
El año 1.115, en la pascua de Pentecostés,
gobernando la Iglesia de Oviedo el famoso obispo Don Pelayo,
se celebra en la Iglesia de San Salvador un concilio, al que asistieron
los primates de Asturias y representantes de la plebe de toda
la región. Allí concurrieron de los territorios
de Lena y Huerna (suscriben juntos el documento), y es preciso que
lo hiciesen como entidades sociales con organización conveniente
y medios de perseguir a los ladrones, sacrílegos y diversas
clases de malhechores que abundaban por nuestra tierra. Considerabase
acertadamente esta asamblea como una de las primeras manifestaciones
de la organización representativa asturiana, que llegó
hasta nuestros días con denominación de Junta General
del Principado, donde después concurrieron los procuradores
del concejo, ya establecido como tal, y los de episcopal jurisdicción,
enclavada entonces en su demarcación presente.
Fué aquella la de Pajares con su
mencionado castillo donado el 14 de Octubre de la era 1.222,
(año 1.184) por el rey Don Fernando y su hijo Don Alfonso
al obispo de Oviedo Don Rodrigo y a su Iglesia de Oviedo, con mas
los de Proaza y Monte Gaudi, por el servicio de sesenta áureos
que el prelado y su cabildo le habían hecho para la batalla
de Cáceres (29).
La fortaleza debió ser coetánea
de las Gordón , Alba y Luna, (30) puestos avanzados
en las montañas asturianas y probablemente de fundación
de los reyes ovetenses antes de la traslación de la Corte
a León; pero cuando la ducha fundación fernandina,
ya la reconquista había ensanchado sus fronteras, que no temían
ataques por aquella región. Fue el castillo de Pajares
como cabeza o punta central del concejo u obispalía, que
durante siglos fue del dominio y gobierno de los Pastores ovetenses
como las tierras de Arbas dependían de sus abades.
De no muchos años antes, en 1.250,
es una carta de compensación que hicieron los vecinos
de Campomanes (31) con el obispado de Oviedo.
Y esto acusa nueva entidad en Lena, de
la que fueron fundiendo sucesivamente para formar el concejo
grande. Su templo y pertenencias fueron donadas por el citado
rey Fernando II en 1.168, al obispo Don Gonzalo y a su Iglesia
de Oviedo, comprendiendo no solamente la de Santa María de
Campomanes con todas sus heredades y con la de San Antolino
(Sotiello) con sus términos entre los ríos Lena y
Orna.
De Lena y Huerna fueron los personeros
o apoderados que acudieron al rey Sabio solicitando les donara
los realengos que allí tenia para levantar una puebla
en Valagar, con fuero para su gobierno y tributos para la corona,
a lo que se avino el monarca, que concedió en 1.256 la carta
- puebla con fuero de Benavente cuyo texto hemos de reproducir
aquí para que mejor juzgue el lector del contenido y alcance
de sus franquicias en instrumento similar a los de aquella época
en que el idioma local era como establecimiento y código
del nuevo pueblo con aquella variedad que califica una época
histórica de nuestra legislación.
Dice así el documento, que ya fija
la constitución y régimen forales de Lena:
“Sepan cuantos este privilegio vieran
ante Nos Don Alfonso por la gracia de Dios rei de Asturias,
de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla,
de Córdoba, etc. vinieron Juan Martínez, e Abril
Pérez, e Pelai Catriaus con carta de personia del concejo
de Lena i de Huerna, e pidieronnos por merced que les diésemos
i les otorgásemos los muchos cilleros y los nuestros realengos
que habíamos en estos lugares sobredichos, e que ficiesen
puebla en Valugar, cual Nos tuviésemos por bien, e que les
diésemos fuero a que poblasen, e por esta merced que Nos ficiésemos,
que nos darían cada año novecientos maravedis, en esta
guisa; los cuatrocientos e cincuenta en la de San Juan e los otros
cuatrocientos e cincuenta por la Navidad; i además cincuenta
maravedis por yantar, los veinte i cinco al rico-home que tuviere la
tierra por Nos, i los otros veinte i cinco al Merino que iandare; e Nos
por les facer bien i merced, e por que la tierra se pueble mejor i sean
mas al servicio de Dios i de Nos, otorgámosles que fagan la puebla
en Parayas i damosle los nuestros realengos que Nos habemos i debemos
haber, e todos los nuestros cilleros de Lena y de Huerna con cuanto les
pertenece, salvo ende los portazgos i las Iglesias, que tenemos para Nos;
i dámosles el fuero de Benavente, i que pongan jueces i alcaldes,
ansi como los ponen en Benavente; e otros y mandamos que de aquí
adelante non ande i Merino del rico-home que tuviere la tierra por Nos
salvo queda quien recuerde los sus derechos con los jueces o alcaldes
de la puebla sobredicha; e dámosles que hayan por su alzor cuanto
a Nos pertenece en toda Lena i en toda Huerna desde la Bovia de Arbas
fasta el Padrón; e por estos novecientos i cincuenta maravedis
que Nos ha de dar cada un año ansi como es sobredicho, quitamos a
todos lo que vinieren a poblar a esta puebla de todo fuero i de toda facendera,
de maneria, de boda, y de todo otro tributo que solían facer al
rico-home que la tierra tenia por Nos; e por les facer mas bien e mas merced,
dámosles mercado e mandámosles que lo fagan cada lunes en
esta puebla sobredicha; e todos aquellos que i viniesen, mandamos que vengan
salvos e seguros con todas sus mercaderías; e defendemos que ninguno
sea osado de los embargar, ni de los contralor, ni de quebrantar el mercado
en ninguna manera, dando sus derechos aquellos que a el vinieran allí
o los hubieran a dar;
e ninguno no se osado de ir contra este
nuestro privilegio para quebrantarlo ni para menguarlo en
ninguna cosa, ea cualquiera que lo ficiese habría nuestra
ira a pecharnos hian mil maravedis e a los de la puebla sobredicha,
o a quien su voz toviese todo el año doblado; e porque esto
se firme i estable, mandamos sellar este privilegio en Sevilla
por nuestro mandado, martes seis días andados del mes de
Abril de la era 1.304”.
Dicen algunos que Pola de Lena se llamó
primeramente “Pobla de Paraya” en inmediaciones de la villa
y términos de San Miguel de Reboreto, de que restan como
vestigios ruinas y sepulturas; y que en un montículo cerca
de la Pola se hallan asimismo sepulcros antiguos bajo grandes losas,
pero bien se ve que no son estos restos mas que base débil
para conjeturas, y no cierto para poner la fundación de la
actual villa en sitio diferente de donde hoy se halla, aunque en aquellas
centurias pudo llamarse “Paraya” el lugar fundacional. Estaba entonces
como en el centro del concejo realengo, pues Mieres era del territorio
de Lena. Lo que si se deduce del diploma foral, es que, ya de una
manera mas determinada, en el último tercio del siglo XIII, Lena
ya tenia por uso antiguo y consuetudinario gobierno concejil, limitándose
a obtener de Alfonso X su solemne reconocimiento con mas libertades
y derechos.
Tuvieron estos regia sanción de
monarcas posteriores y hemos de agrupar aquí estas
confirmaciones para mas completa historia de fuero de Lena:
Sancho IV en Toledo a 31 de enero, era de 1.328, (año de
1.290); Alfonso XI en Valladolid, a 30 de Diciembre, era de 1.363
(año 1.325); Enrique II en León (con sello de la
povidad el privilegio registrado aparte) a 9 de Febrero, era de 1.408
(año 1.370); les dio el mismo privilegio en pergamino y con
sello de plomo; Juan I en las Cortes de Burgos, a 3 de Agosto, era
de 1.417 (año 1.379), les da como privilegio rodado el anterior
a petición de los de Lena; Juan II en Segovia, a 8 de Agosto
de 1.407, en Valladolid a 20 de Agosto, y en Simancas a 25 de Agosto del
mismo año; Enrique IV en Medina del Campo, a 15 de Septiembre
de 1.456; los Reyes Católicos en Medina del Campo a 15 de Septiembre
de 1.480; Carlos I en Valladolid, a 3 de Junio de 1.542.
Donde primero sonó el concejo con
vida propia y legalmente reconocido fue en la hermandad de
Valladolid de 1.295, reinando Fernando IV, cuando el poder de
los comunes ofrecía fuerte resistencia al amparo de sus
fueros y exenciones contra los nobles poderosos que menoscababan
la dignidad y el poder de la corona e impedían el desenvolvimiento
de las prerrogativas forales. Gobernaba el revuelto estado la regia
tutora Doña María de Molina cuando los pueblos se
confederaron en “Hermandades”; y a este objeto concurrió
Lena a Valladolid en la fecha mencionada en unión de concejos
de León, Zamora, Salamanca, etc., y con los de Oviedo, Avilés,
Tineo, Colunga, Grado, Cangas, Pravia, Llanes, y Ribadesella (32)
Suscribió también la dicha
hermandad, la “Puebla de Mayabón”, que algunos quieren
reducir, sin fundamento para ello, a población desaparecida
entre Quirós y Lena; pues de ser cierto, mas vestigios
quedarían. De lo que tuvo en lo antiguo régimen municipal,
en una u otra forma quedan datos o señales mas o menos vagos,
lo que aquí no acontece; ni aún siquiera como agrupación
parroquial mas o menos extensa y con mayor o menor lejana autonomía.
Así acontece en Lena con localidades ya citadas, con Pajares,
de quien se dice que también tuvo fuero en 1.266; lo que no
se compadece bien con su régimen y gobierno episcopal ya referidos,
debiendo ser el dato que apunto Jovellanos (33) copia de importante
constitución del prelado señor de la Obispalía.
Mas separadamente resulta la consideración
del territorio de Fierros, como concejo por diploma de la
edad media, cuando en 1.206, en tratados de paz entre Alfonso
VIII de Castilla y Alfonso IX de León, se nombra el portazgo
de las “Fontes de Fierro”, o de “Las Puentes del Fierro”, en pergamino
de los tiempos de Alfonso IX y Fernando El Santo (34). Reinando este,
el concejo de Oviedo se querelló de que la “Puebla de Llanes,
la Puebla de Gordón, Villanueva y Las Puentes del Fierro”,
les tomaban portazgo sin derecho para ello, pues no lo habían
hecho en tiempos de su padre Alfonso IX de León. El rey dio
entonces una Real Cédula en 1.248 dirigida a las dicha colectividades
para que no tomasen portazgo a los vecinos de Oviedo, por medio de sus
personeros, alegasen sus razones en el caso. Veinte años después
el concejo de Oviedo pidió al rey Don Alfonso X merced de que
mandase trasladar en pergamino de cuero esta carta escrita en pergamino
de papel para su mayor permanencia. El rey accedió el dia 12 de
enero de 1.268 (35).
Sobre estas agrupaciones prevalecieron,
como se nota, el territorio abacial de Arbas, el episcopal
de Pajares y el realengo y libre de Lena, que tuvo sobre todos
natural importancia por su territorio, población y también
por la significación de principales solares.
Sin ningún acontecimiento memorable
en su región durante los comienzos del siglo XIV, como
no sea la ya dicha y regia confirmación de su carta-puebla
por Alfonso el Justiciero, no es muy aventurado suponer que
alcanzaron a Lena la lucha y las discordias intestinas entre los
partidarios del rey Don Pedro contra los de su bastardo hermano
Don Enrique de Trastamara.
Nuestro concejo debió inclinarse
al bando del rey legitimo, pues Iván Bernaldo de Quiros,
de esta ilustre casa en Lena, concurrio representando al municipio
en la hermandad o asamblea de los asturianos congregados en la
Iglesia conventual de Santa María de la Vega en 1.307 para
hacer ayuntamiento, confederación y jura en defensa del rey
natural Don Pedro, y tomar acuerdos de gran resolución y coraje,
avivados todos aquellos nobles por el patriotismo y la fidelidad
mas acendrados; pero también otros caballeros de la comarca siguieron
a Don Enrique, y a sus huestes prestaron armas y auxilio.
Des esta división de las gentes
de Lena, y de la gratitud que a sus partidarios mostró
Don Enrique de las Mercedes, encumbrado al trono tras la sangrienta
jornada de Montiel, da testimonio el privilegio que otorgó
a Lena a de Febrero de 1.368, ampliando las franquicias de
su fuero, “por facer bien a merced a bos el concejo e omes
buenos de la Puebla de Lena por muchos serbizios que nos fizistes
e faredes de cada dia, tenemos por bien que sea desquitos et esentos
que alguno nin alguno de los vezinos e moradores del dicho conzejo
de Lena, e de su término, e de su alfoz, ansi hijosdalgos
como foreros que non paguedes bos nin buestras bestias portadgo,
nin pasage, nin monda, nin castilleiro, nin barcage nin vela, nin
otro derecho alguno de los que andan camino suelen pagar, en cualesquiera
lugares de los nuestros”.
Don Enrique había reconocido y
favorecido espléndidamente, como es sabido, a su
hijo natural Don Alfonso Enriquez a quien cedió, como
señorío condal, los estado de Gijón y Noreña,
a cuyo amparo quiso el inquieto conde mas y mas extender su
señorío por Asturias, con exenciones y gabelas en
diferentes localidades. A la defensa de sus derechos y libertades congregáronse
los pueblos en animosa junta celebrada dentro de la Sala Capitular
de San Salvador de Oviedo en 1.378, con presencia del obispo Don
Gutierre, de sus comenderos del turbulento infante con varios de
sus vasallos y de algunos caballeros principales de la provincia.
Fueron procuradores de Lena, Gonzalo Alvarez de Campomanes y Alonso
Pollino; y de aquella reunión salieron acuerdos que aprobó
Don Enrique II para que al conde Don Alfonso únicamente tributasen
Gijón y Noreña, estados propios de su señorío,
pero no las tierras de realengo, y de la Iglesia, como entre otras,
eran Lena y Pajares.
En el siguiente reinado, Don Juan I, nuevamente
el falaz conde Don Alonso quiso extender sus dominios por
tierras de la corona amparándose en favores que su amante
e irreflexivo padre le hiciera en el testamento; perturbó
la provincia en diferentes correrías; el rey amparó
y libertó otra vez de tributos las tierras de la Mitra,
entre ellas el “Coto de Pajares”, por Real Cédula de 1.381;
y para ahogar la rebelión del infante vino el monarca a Asturias,
sometió por dos veces al perjuro Don Alonso, arrasó
Gijón, contando para estas guerras con el concurso de los concejos
asturianos, entre ellos Lena, en cuyo recinto acamparon las tropas
reales cuando vinieron a la guerra asturiana.
Erigido Asturias en Principado en 1.388
e incorporado su territorio a la corona en condición
de innegable, mejoró su administración, se
organizó la justicia, y así, con éxito, pudieron
defenderse la municipalidades de los Quiñones y otros
próceres que abusaron de los revueltos días en que
vivieron los monarcas de la Casa de Trastamara, hasta que por
ventura providencial vino al trono de Castilla la reina Doña
Isabel I.
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1 - Ciertos códices de Idacio
escriben “Nerbasis montibus”, y en alguno de la Historia de
los Vándalos de San Isidoro, se lee “Herbasis”
2 - En el siglo X ya se habla de iglesias
bajo la adbocación de San Pedro, San Juan y San Roman,
situadas en lugares con la denominación común
de Arbas. En el S.XII se llamo “Arbolios” en el XIV “Arbuellos”
hoy “Argüellos” dentro de la que esta enclavada la Colegiata
de Arbas.
3 - Argaiz en su obra “LA SOLEDAD
LAUREADA POR SAN BENITO Y SUS HIJOS”, enumera los monasterios
de: Santa Cristina de Vega del Rey, Santa María de Parana,
y Santa Eulalia sobre el río Lena. Ignoramos cual sea este
último. (¿Puede ser Ujo?).
4 - Alfonso III, en la era DCCCCXIII,
año 39 de su reinado, dona a la iglesia de San Salvador
de Oviedo: “Inter Ornan et Lenam… Monasterium S. Claudi per suos
terminos et villan que dicitur Erias… Et super Lenam… Monasterium
S. Eugenie de Moreta cun omnibus degeneis suis. Super flumem Ferros
monasterium S. María de Paramos cum omnibus degeneis suis.
5 - En tiempo del emperador Alfonso
VII, existía en Valdedios la antigua comunidad de monjes
de San Benito, dotando allí mismo un nuevo monasterio
con la reforma del Cister.
6 - Según documento fechado
en la Pobla de Lena a 27 días del mes de abril de 1.430,
Diego González vecino de Campomanes, fue apoderado del
Monasterio de Santa María de Valdedios para tratar con
los vecinos de Felgueras, Alcedo y Palacio que amenazaban con despoblar
dichos lugares si continuaban exigiéndoles el “nucio”.
Autorizan el documento, Pedro Alvarez el mozo, Juan del concejo de
Lena, y Diego Fernández de la Vega del Rey, alcalde de Lena de
Yuso.
7 - Recogió el padre Argaiz cuanto se decía
en el país referente a la iglesia de Santa Cristina que decía
así: “Y algunos mas curiosos como son unos caballeros
de Quirós y de Miranda que tienen sus casas y tierras por
allí cerca, dicen que la fundo el rey Don Ramiro el I, que
venció la batalla de Clavijo.
8 - Opina así la Real Academia
de Historia, que sirvió de legal fundamento al Sr. Alejandro
Pidal y Mon, que siendo ministro de Fomento, en 1.885 declaro
esta ermita monumento nacional, por Real Orden de 24 de Agosto,
a petición de la Comisión Provincial de Monumentos
Históricos y Artísticos de Asturias, y ordenando además
importantes obras de restauración, dirigida por los arquitectos
Sres. Velázquez y Lázaro.
9 - Que hubo viñas en Puente
de los Fierros, se dice en escritura de donación de
Alfonso IX a Santa María de Arbas. En San Claudio de
Erias también, ya que hay una finca llamada “Viña
del Monasterio”. En cuanto a Santa María de Parana, el mismo
nombre parece confirmar la tradición: Parana en baja latinidad,
significa sebe o muro que separaba las viñas.
10 - No es posible determinar el
origen y fundamento del dominio de los monasterio de Parana
y Valdedios sobre unas mismas haciendas, pues la tradición
acaso confunde el dominio en que ellas tuvo la Orden de San Benito.
De modo pudieran ser noticias distintas a unos bienes próximos
a Santa Cristina de Vega del Rey, que fueron donados por Alfonso
VII al monasterio de Valdedios cuando quedo extinguido el de San
Pedro y San Pablo de Lena.
11 - En el archivo de la catedral
de Oviedo, y otorgada en 1.393, existe una permuta de esta abadía
por otros beneficios en Salamanca.
12 - Véase carta de privilegio
otorgada por Fernando I con su mujer Sancha, y sus hijos, Sancho,
Alfonso, García, Urraca y Elvira, en la era MLXXV donde
se lee: Et qui irruptionem fecerit in Palatio, vel in hereditatibus
Sancti Salvatoris, talem calupniam veddat pro illis, qualem pro
nostris propriis.
13 - Eran siervos adscriptos “obnoxación”
los que voluntariamente se sujetaban a la servidumbre de otra
persona, los había de dos clases; unos que se aproximaban
al estado de hombres libres, y otros al de los siervos.
14 - Adquisición de tierras
en dominio alodial por ocupación.
15 - A este origen tradicional del
cobro del diezmo por algunas familias nobles, se debe
atribuir el derecho de presentación y demás anejos
al patronato que sobre algunas Iglesias de Lena, ejercitaron
ya en el siglo XIV, los marqueses de Camposagrado, los condes de
Peñalba, y otras ilustres familias. El beneficio curado
de San Antolin de Sotiello, fue de presentación de las casas
Miranda y Ponce de Llanuces de Quirós.. Los marqueses de Camposagrado
tenían derecho de presentación en las Iglesias
de San Cristóbal de Tuiza, y su aneja de Santa María
de Campo, San Vicente de Columbiello, San Juan de Malvedo,; y en
Santa Eugenia de Casorvida, por mitad con los vecinos y parroquianos.
16 - Donación de Bermudo II
a la Iglesia de León, a su prelado Savarico y a sus canónigos.
17 - Donación de Alfonso III
a la Iglesia de San Salvador en la era DCCCCXIII: “Et super
Lenam ecclesiam S. Marie de Castiello, et S. Andreae, et Salvatoris
de Guiedoro, et S. Felicis de Banao, totas cum adjecentiis”.
18 - Donación de Ordoño
I a Frominio obispo de León en la era DCCCLXVIII: “Sucas
fluvio Lenam ecclesiam vocabulo Sancte Eulalie que est fundata
in Villansio”.
19 - Donación de Alfonso III
a la Iglesia de San Salvador en la era DCCCCXIII: “Super flumen
Lenam villam quae dicitur terminalia ab integro, Ecclesiam S.
Vicente cum omnibus suis adjacentis”.
20 - La Iglesia de San Miguel de
Robledo fue antiguamente la parroquial de La Pola, donde solo
había una capilla de San Martín, dependiente de
la Iglesia de San Martín de Gargara (Villayana).
21 - La Iglesia y lugar donados a
San Salvador por el rey Fernando I, y la reina Sancha, eran en
el sitio llamado San Julián de Valle, perteneciente a
la parroquia de San Miguel de Zureda.
22 - El Padre Risco, vio esta escritura
de donación en el archivo de San Vicente de Oviedo.
La confirman los reyes Fernando I, y Sancha.
23 - Refranes y proverbios en romance
que coligió y gloso el comendador Hernán Nuñez
Lérida en 1.621.
24 - El Padre Carvallo refiere la muerte
con esta versión: “La muerte de este rey fue imputada
a alguno de la familia de los Valdeses. Campomanes fue destruido
por esta muerte, lugar que entonces era muy grande y populoso
en el camino que viene de León para Oviedo.
25 - Informe sobre la Colegiata en
1.784. (Patronato de Castilla, legajo 1.934).
26 - “Sicut debit vobis ipsam terram
de Lena, quod una vice detis CCC áureos ad aquaeductum
Monasterii de Cistel ut possitum est”. Resulta también
de compulsa y atestado hecho en 1.708 por los notarios “latinos”
de Oviedo, Pérez Mier y Alonso de Candamo, de un privilegio
de Alfonso IX en 1.215, que también donó una heredad
realenga llamada Orna con todos sus cotos y encartaciones.
27 - Alfonso X declaró validas
las anteriores donaciones “salvo en el portazgo de los Puentes
y las tierras de Lena que tenemos para Nos y no lo confirmamos
porque el Monasterio sobredicho no avie la tenencia de ellos. El
mismo rey en privilegio dado en Burgos en 1.270 donó al Monasterio
de Arbas, las Iglesias de San Juan de la Pola de Amandi en Villaviciosa
y de San Pedro de Suso. (Estatutos de la Real Iglesia Colegial
de Santa María de Arbas del Puerto de Pajares y su Hospital
de Peregrinos).
28 - Eran también de su presentación
las de Santa María de Murias y San Juan de Santibañez
en el concejo de Aller; Santo Toribio de Lindes en el coto de
este nombre en Quirós. Entre otras propiedades tenia el
puerto de Antrelluza en Carreño, con un impuesto sobre la
pesca de la ballena; asimismo el diezmo y portazgo de Villanueva
de Rodiezmo.
29 - Archivo de la catedral de Oviedo
- Regla colorada folio 70. Confirmantes: El obispo de
Oviedo Fernando Rodríguez Castellano, dominante de Asturias;
el Conde de Gómez, en Trastamara; el Conde Alfonso, en el
Bierzo; Pedro Rodríguez, en Luna; Gutierre Rodríguez;
Rodrigo López Mayordomo; Rodrigo Fernández signifero
del rey; Alvaro Díaz; Suero Menéndez; Gutierre Sebastianez;
Suero Pelaez; Pelayo Guejal, Gonzalo Pelaez de Tineo.
30 - De Alfonso III dice el cronicón
Sampiro: “Fecit etiam Castella pluvima… Ins territorio Legionense
Lunam, Gordonem, et Alban in Asturias Tutelam Gansonem”
31 - Archivo de la catedral de Oviedo
- Regla colorada folio 113. Esta incompleto el documento y
falta la fecha. Es de advertir que en la del texto estuvo la sede
vacante de agosto de 1.249 a principios de 1.251.
32 - Memorias de Don Fernando IV de Castilla.
33 - Cea Bermúdez en sus “Memorias
para la vida de Jovellanos” entre otras muchas copias de documentos
y extracto debidos al ilustre gijonés, cita el fuero de
Pajares en 1.266.
34 - Real Cédula de 16 de Junio,
era de 1.286 (año 1.248)
35 - Real Cédula de 16 de Junio
, era de 1.286 (año 1.248)